Uno entre veinte: así es
Reseña por Jaime Jaramillo Escobar · 2008 · Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. 45, n.º 78
Sobre Cuadernos de Renata. Antología 2006-2007, de varios autores — Icono Editorial, Bogotá, 2008, 120 págs.
Presentado como selección antológica, el libro contiene una muestra experimental de los talleres de creación literaria adscritos a la Red Nacional Académica de Tecnología Avanzada (RENATA), organizada por Mincultura con el propósito de unificar grupos muy diferentes patrocinados, no por el Ministerio, sino por diversas entidades de distinto origen en nueve ciudades y la isla de Providencia, y orientarlos con el criterio de los funcionarios oficiales mediante ayudas de estímulo como esta primera publicación. Unificarlos, porque el Ministerio prepara manuales para dirigir los talleres, y orientarlos porque toda organización es de control. En la página de créditos se destaca la prohibición de reproducir total o parcialmente alguno de los títulos mediante cualquier sistema, aunque la edición se presume corta. Si prohíben la reproducción, ¿qué ayuda es ésa para principiantes?
Como principiantes, todos siguen la risible costumbre nacional —posiblemente a solicitud del editor— de anteponer a sus páginas su hoja de vida lo más completa posible (como para alguna solicitud de trabajo), incluyendo su lista de premios, títulos recibidos o por recibir, y obras por escribir. A continuación, un texto indigno de tan aventajada trayectoria. Imprimir ejercicios de aprendizaje es un excelente estímulo para niños y adolescentes, que conservarán ejemplares hasta su vejez; pero los talleres para adultos (de lectura o de escritores) deben ser serios. Inducir sólo la publicación de obras con categoría profesional. La edición de escritos provisionales con carácter paternalista desacredita los talleres reduciéndolos a pasatiempo, o entretenimiento de chiflados. La literatura también puede convertirse en vicio, o en manía.
Diferenciar entre escritor y poeta es una extraña clasificación. Muchos autores producen indistintamente prosa o poesía. La prosa necesita el auxilio de la poesía, como la poesía el de la prosa. Es más: desde la muerte del verso la poesía se escribe en prosa. En el libro de Renata no hay un poema, y sin embargo la poesía vive más en la provincia con sus medianos vates que en la culta capital política donde los consagrados se disputan a codazos la gloria que creen merecer.
Dar a la imprenta los primeros esbozos de un aficionado no constituye estímulo real. El escritor en ciernes pronto se arrepiente y se compadecerá de sus generosos cuanto cándidos amigos que le dieron el empujoncito a la vergüenza pública.
Ofrece la antología cuentos, relatos y crónicas de breve extensión (3,6 páginas en promedio), basados en memorias, leyendas y experiencias individuales de narradores que aún no logran salir de sí mismos, atrapados en el mundo familiar. Como si la puntuación no hiciera parte de la gramática, su descuido es notorio mas no sorprendente, pues el arte de la puntuación ha desaparecido con la escritura casi por completo. El lenguaje rústico de dignatarios y dirigentes indica su escasa relación con los libros.
Se pregunta la prensa por enésima vez, para la fecha de esta nota, si la sombra de García Márquez perjudica a los nuevos escritores colombianos. A los mediocres, sí. A quienes creen que estar informado es enterarse de las últimas noticias de la farándula, que tanto dinero mueve, tanta frivolidad y vanidad esparce, y tanto rebaja de categoría a la vida que en el periódico la sección de cultura se confunde con ocio y entretenimiento.
La coordinadora resalta nueve mujeres entre los veinte autores seleccionados, augurando que «dentro de muy poco en Colombia podremos ver un equilibrio en la participación femenina en la literatura». Ese equilibrio no lo ha tenido ningún país, pero Colombia lo va a tener con ayuda de Renata. En el taller de poesía del Banco de la República y la Biblioteca Piloto de Medellín las únicas mujeres sobresalientes por sus textos durante veinticuatro años han sido todas extranjeras. Ninguna colombiana. El horizonte de las colombianas resulta muy limitado. Esquelas amorosas y afectos familiares son los temas predominantes.
No se espera de los talleres literarios obra maestra, por lo cual sus publicaciones suelen ser miradas con desdén como primicias de diletante. Prejuicio que se justifica en parte por la generalidad de los resultados, y originado en el término taller, con sus consabidos, obligados y ridículos Programa, Metodología y Objetivos, como si se tratara de productos de fábrica. Cuántos poetas y escritores me puede fabricar usted. Así como antiguamente existieron los talleres de obras maestras, o como en los actuales talleres de artes se producen obras ejemplares, algunos escritores después de un periodo de formación permanecen en los talleres para mantener relación con otros escritores, lo cual es necesario en busca de perfección, porque el solitario se anula en el aislamiento. Siete libros de importancia en su género (poesía, cuento y crónica), publicados durante el 2008 por integrantes del taller del Banco de la República mencionado en esta nota, lo acreditan (sin modestia) como taller de obras maestras.
Entre los elegidos se destaca en primer término un excelente relato de fundamento histórico, convertido en leyenda, que denota a un escritor en posesión de los recursos necesarios para encantar con maestría en temas de importancia. Su autor (Maicao, 1967), fue asistente durante varios años al taller de poesía del Banco de la República y la Biblioteca Piloto en Medellín. Se titula Exiliado en tierra, por Enmanuel Pichón (no Emmanuel, como figura en el libro).
Otro cuento merece mención de destaque por el tema, aunque falta la pericia del escritor en varios aspectos. Se titula El de la 305, no lejos del 204 de Álvaro Mutis. Su autor es Raúl Tomás Torres Marín (Venezuela, 1966), residente en Bogotá. La atmósfera de sofocación concuerda con la obra asfixiante de Mutis, y el relato tiene concomitancias con Cita en Bergen. Pese a los defectos literarios formales (que no cabe analizar en esta nota), la narración tiene seguridad y vigor, y es el segundo texto del cual queda memoria tras la lectura del libro. Todo lo demás se borra en la opacidad intrascendente. Mordiendo una mariposa es una fabulación confusa, de mal sabor. Los santos restos, anodino truco de sólo siete líneas. En Etimasía (o etimasia, motivo simbólico de la preparación del trono para el retorno de Cristo), el título nada tiene que ver con la historia, carente de credibilidad (el peor defecto de la narrativa). El empleo de un vocablo erudito para llamar la atención es recurso pobre de asombro ante la enciclopedia. En síntesis, casi todos los relatos están escritos en la vieja técnica del narrador omnisciente y en la primera persona del autor, particularidades comunes a quienes se inician en el arte de escribir.
Las nueve localidades son Armenia, Bogotá, Bucaramanga, Cali, Florencia (Caquetá), Ibagué, Medellín, Providencia (Isla) y Riohacha. Los autores (nombres o seudónimos) componen el siguiente índice: Ricardo Arias P., Hugo Fernando Bahamón Gómez, Fernando Bedoya Londoño, Anni Chapman (nacida en Nueva Zelanda, residente en Providencia), Concepción González Holguín, Victoria Hurtado, Sandra Leal L., Katherine León Zuluaga, Katty León Zuluaga, Mónica Alexandra Llano Núñez, W. Germán López Velandia, Adriana Judith Mora Pacheco, Luis Fernando Ocampo Gómez, Enmanuel Pichón Mora (no Emmanuel), Eduardo Posada Hurtado, Mauricio Romero, Gloria Ismenia Suárez Navarrete, Raúl Tomás Torres Marín, Andrés Vásquez y Giovanna Vinasco Cabrera.
Jaime Jaramillo Escobar