Retrospectiva poética

Reseña por Jaime Jaramillo Escobar · 2014 · Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. 48, n.º 85

Sobre Acuarimántima. Edición completa, de Elkin Restrepo (ed.) y 127 autores — Fondo Editorial Universidad Eafit, Colección Rescates, Medellín, 2012, 578 págs.

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En edición de lujo, gran formato (31,8 x 16,4 cm), la Universidad Eafit reproduce los 33 números de la revista literaria Acuarimántima, editada en Medellín desde octubre de 1973 hasta febrero de 1982, con la dirección de Elkin Restrepo y amigos.

El prólogo explica la génesis y desarrollo de la descabellada idea de una revista de poesía en provincia, si en la propia Bogotá aún constituye aventura poco seria una empresa semejante. Pero lo hicieron con tanto tino y éxito que, treinta años después, aparece el volumen con que la Universidad Eafit reconoce y premia tan inaudito trabajo.

Con periodicidad bimestral, entre 16 y 24 páginas, constituye un panorama de la poesía y alguna prosa en Colombia y otros países, y vale por el conjunto como muestra de esos años. El criterio adoptado es el de los gestores. Se proponían «incidir en el proceso cultural de una ciudad donde los escritores no sumaban más de tres».

En la ficha técnica se dice: «Publicación que recopila poemas de grandes poetas contemporáneos». Excusada la exageración por ligera e imaginaria, dar un vistazo a páginas selectas constituye un método aproximativo, puesto que el conjunto no se puede considerar como unidad de género.

No se hace referencia a cada uno de los 33 cuadernillos porque el espacio disponible no lo permite. Se menciona solo lo más destacado, teniendo en cuenta que algunos autores figuran en diferentes números. Por no tratarse de un estudio en profundidad, sino de una mera nota, no es posible ofrecer análisis concluyentes. La reseña es informativa, no analítica.

En el número 1 (octubre-diciembre 1973), se destaca Harold Alvarado Tenorio con un texto sobre Apollinaire y otro referido a María Jónsdóttir. Llama la atención que la revista adopte parcialmente la supresión de mayúsculas, siguiendo la rebelde desorientación juvenil de aquellos años, e insista en juntar versos carentes de significado con otros que nada dicen.

Número 2 (enero-febrero 1974). En este número se destacan por modo negativo León de Greiff y Ciro Mendía, dos grandes enfrentados en su peor momento. La befa de León contra Ciro contradice al altísimo y muy respetable maestro. Ciro Mendía, gran señor, nunca fue capaz de odio ni bajeza. Obligado a responder los ataques, con un soneto triste y dolido deja fuera de combate a León. Pero al noble Ciro le apenaba haberse visto en la necesidad de defenderse y alejarse de un amigo, alto poeta, por quien tuvo en principio consideración y afecto. León repartía frecuentes mandobles contra todo lo que juzgara merecedor de su agresivo cuanto demoledor ingenio, pero su injusta acerbía contra Ciro sorprendió siempre a los amigos y admiradores de ambos.

Número 3 (marzo-abril 1974). Sobresale Luis Carlos López, con siete sonetos y un despilfarro. En la edición del centenario (Bogotá 1979), aparecen catorce de esos despilfarros y 67 sonetos, algunos de ellos irregulares. Los sonetos irregulares de Luis Carlos López son sonetos. Por algo era Luis Carlos López, y no cualquier aprendiz. La del centenario es una edición dirigida por este cronista, que si el prólogo de Ramón de Zubiría no comprendió, solo quienes se toman su tiempo para leer se percatan de que la selección constituye un solo poema dividido en cantos, separados éstos por excelentes plumillas de Bob Ibáñez.

Número 4 (mayo-junio 1974). Sobresale Luis Vidales con su prestigio de vanguardista, heredado de Vicente Huidobro y proveniente del surrealismo, al cual muchos poetas continúan apegados por ser un procedimiento cómodo, lindante con la escritura automática (que ensayó Picasso) y los ismos que aparecieron en la época, entre ellos el facilismo, que dispensa de todo esfuerzo a quienes se cruzan de brazos porque no saben qué hacer con las manos.

Número 5 (julio-agosto 1974). Se destaca este verso de Helí Ramírez, que recuerda a César Vallejo: «Almorzar en cuclillas tristeza con sal».

Número 10 (julio-agosto 1975). Sobresale, como no puede ser menos, el gran poeta brasileño Carlos Drummond de Andrade (1902-1987) con siete poemas traducidos por Ricardo Vélez. (ricardovélez en la revista).

Número 12 (noviembre-diciembre 1977). Se destaca José Manuel Arango, muy querido y respetado, no sólo en la universidad, sino también por amigos y relacionados y numerosos lectores.

Número 13 (enero-febrero 1978). Poetas destacados: Helí Ramírez y Juan Gustavo Cobo Borda. Antagónicos, pero la poesía los hermana.

Número 14 (marzo-abril 1978). Firmas destacadas: el malogrado poeta nadaísta Amílcar Osorio y la célebre Anaïs Nin, autora, entre otras obras, de los famosos Diarios (edición española en siete volúmenes) que tanto revuelo causaron a su aparición.

Número 15 (mayo-junio 1978). Autor principal: el delicado Cesare Pavese, autor de muy bellas obras, entre ellas El oficio de vivir y El oficio de poeta. En el primero, una nota en la traducción al español declara que la edición se hace con «omisiones que el editor se creyó en el deber de aportar donde el contenido es demasiado íntimo o peliagudo».

Número 16 (julio-agosto 1978). Autores destacados: Ezra Pound, el torturado poeta estadounidense, encerrado en una jaula de alambre de púas, y Víctor Gaviria y Pier Paolo Pasolini, ambos notables (guardadas proporciones), en la poesía y en el cine.

Número 18 (noviembre-diciembre 1978). Se destaca la chilena Cecilia Vicuña.

Número 19 (enero-febrero 1979). Autor destacado: Elkin Restrepo.

Número 20 (marzo-abril 1979). Autor destacado: José Manuel Arango.

Número 21 (mayo-junio 1979). Autor destacado: Helí Ramírez, que con su lenguaje propio y descarnado asume la descripción y denuncia de sectores marginales de la ciudad, donde la vida transcurre entre las carencias, los vicios, las violencias, el crimen en todas sus manifestaciones. Y en medio de ese desmadre la poesía como una flor en un muladar.

Número 23 (septiembre-octubre 1979). Texto destacado: Un poema de cumpleaños para mi pequeña hermana, por Edward Field (Brooklyn, Nueva York, 1924).

Número 26 (marzo-abril 1980). Autor destacado: Eduardo Escobar, el más serio y profundo de los escritores del nadaísmo, con mayor calado intelectual y una personalidad más definida. Otros tan capaces como él no pasaron de la flor al fruto porque se encontraron con la muerte en medio del camino.

Número 27 (mayo-junio 1980). Autores destacados: Manuel Mejía Vallejo y Darío Lemos, verdadero poeta maldito, indeseable sujeto que siempre procuró hacer daño a los demás y a sí mismo, pero sus bellos poemas, dedicados al pequeño hijo, muestran una amorosa ternura de exquisita expresión adolorida.

Número 28 (julio-agosto 1980). Dedicado al maestro Fernando González, incoherente por atormentado. Los pensadores antioqueños suelen dar bandazos, como jugando al billar con ideas esféricas, que lo mismo ruedan para cualquier lado. Pese a lo cual no disminuye la importancia del ensayo en Antioquia, representado por cultores de amplio reconocimiento nacional.

Número 30 (noviembre-diciembre 1980). Autor sobresaliente: Luis Tejada, calificado por Javier Arango Ferrer como «el prosista más ágil, penetrante y humano de su tiempo».

Número 32 (noviembre-diciembre 1981). Autores destacados: Helí Ramírez y Víctor Gaviria.

Número 33 (enero-febrero 1982). Autor destacado: Mario Escobar Velásquez. La revista, hacia el final, adopta la prosa (narrativa y expositiva) en el convencimiento de que es preferible la buena prosa a la mala poesía. Siempre. El predominio de la prosa sobre la poesía es anuncio viejo. La poesía tendrá que superarse, si pretende sobrevivir. Para eso dispone de medios nuevos en nuevos poetas encargados de responder al futuro.

Es de lamentar que, para la fecha de esta reseña, puesto que se olvidaron la métrica y la rima, ni los nuevos tratadistas ni los famosos y anónimos correctores entienden lo que deberían entender, e introducen supuestas correcciones contra escritores que, como Luis Carlos López, saben lo que hacen. No se espera que un libro de lujo contenga demasiados errores, y mucho menos introducidos por esa plaga llamada «correctores de estilo». El estilo no se puede corregir porque deja de ser el estilo. Ejemplo: textos en estilo cortado que los correctores pasan a la forma gramatical elemental, dada su escasez de lecturas y cortedad de vista. Ejemplo: la particular escritura de Vargas Vila. Si se moderniza se destruye. Engolado como es, así se ha leído durante un siglo por toda clase de gentes. El diccionario le acusa de «inmoderada violencia». Violencia: esa es la palabra que define a Colombia desde sus orígenes. En principio se la consideró creadora, pero la conclusión no avala el error. El terror. El horror.

Tal era la poesía de esos años. Resulta muy útil identificarla con ayuda de la revista.

Jaime Jaramillo Escobar