Para qué sirve el indio desnudo
Reseña por Jaime Jaramillo Escobar · 2004 · Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. 41, n.º 67
Sobre Farmacopea guajira, de Jairo Rosado Vega — Fondo Mixto para la Promoción de la Cultura y las Artes de la Guajira, Riohacha, 2002, 162 págs., il.
Indio desnudo es el nombre del árbol más alto de la Guajira (entre diez y veinte metros), resinoso y aromático, al que se le dan diversos usos cosméticos y medicinales. Las denominaciones botánicas en la península suelen apelar a nombres descriptivos como culegato, cagá de perro, cacho 'ecabra, revientapuercos, cargamuchacho, tripepollo, rodillo'epollo, bejuco del diablo, huevo burro, cinco llagas, cuencas de milagro, y calabaza contra la esterilidad femenina.
El subtítulo, Plantas medicinales desérticas y sus usos por los guajiros, fija con precisión el alcance de la obra, y un resumen preliminar delimita el contenido. En total, el investigador identifica en la Alta y Media Guajira cincuenta (50) familias que incluyen cien (100) especies y unas ciento cincuenta (150) variedades, de las cuales cien (100) se encuentran reseñadas en este volumen. La descripción de cada una comprende dos fotografías en blanco y negro: la principal muestra la planta, y al lado un pequeño detalle de reconocimiento, como frutos y flores. El texto correspondiente incluye clasificación, descripción, localización y uso medicinal por los guajiros, para ciento veinticinco (125) enfermedades, entre las que se cuentan: anemia, cáncer, caída del cabello, caries dentales, heridas, culebrilla, desmayos, diabetes, dolores, esterilidad femenina, epilepsia, flacura, fracturas, hepatitis, impotencia sexual, infecciones, insomnio, mal de ojo, nerviosismo, cataratas, paludismo, picaduras de animales, rajadura de talones, reumatismo, tuberculosis y cien más.
Las fotografías no son profesionales y la impresión utiliza papel inadecuado. El diseño empírico (o económico) destina una página para cada planta. El libro fue impreso en Barranquilla. Las cosas se hacen con los medios al alcance.
Este compendio reúne sólo una parte de los ciento cincuenta (150) vegetales que se localizaron. Según el Prefacio, «se espera con el transcurrir hacer la publicación de las otras plantas estudiadas», las cuales son materia de revisión taxonómica y valoración de usos por los indígenas.
Orden del tratado: Prefacio. Resumen. Introducción. Ubicación geográfica. Metodología. Resultados y discusión. Enfermedades y nombres científicos y vulgares de las plantas que se utilizan en su tratamiento. Índice alfabético de plantas medicinales utilizadas por los guajiros. Descripción de especies. Conclusiones. Bibliografía. Glosario botánico. Glosario de términos médicos y su interpretación por los guajiros. Índices de contenido. Éste se presenta ilustrado con tablas, estadísticas y gráficos.
El censo e identificación de especies se realizó desde octubre de 1996 hasta mayo del 2001, incluyendo las épocas de sequía y lluvia. El 89% de las especies son silvestres.
El autor, como todos los defensores de pueblos indígenas, propone cultivos organizados para la conservación de la farmacopea regional, en vista de que los nativos no disponen de atención médica y hospitalaria, puesto que han sido siempre desconocidos por el Estado, excepto para la guerra. En la burocrática Bogotá nunca se han imaginado la tragedia del pueblo colombiano. De modo que los guajiros tendrán que seguir curando el cáncer con semillas tostadas de Pionío; la diabetes con balsamira, barbasco y albahaca; la epilepsia con coralillo; las fracturas con trupillo (se dice tropío) y penca sábila; la hemorroides con verbena; la hepatitis con caranganito y abrojo; el mal de ojos con sauce, olivo hembra y bija; las cataratas con guayacán chaparro; el paludismo con amargosito y yuca corzonera; las mordeduras de serpiente con revientapuerco y cacho 'ecabra; la artritis con pringamosa, quebracho y bejucos; o si no, apelando a los brujos de la tribu, que cuentan con plantas de poderes mágicos. Las principales enfermedades que afectan a los guajiros son: diarrea (a los niños), dermatosis, afecciones respiratorias y el infarto agudo.
Debido a que la salud se convirtió en un negocio lucrativo, yerbateros y curanderos permanecen, sacerdotes celebran misas de sanación, las medicinas alternativas gozan de prestigio en las ciudades. Los sistemas de salud derivan en engaño, y la imagen pública del Seguro Social es la de un instituto ladrón. Si los que pagan por anticipado no reciben el servicio que requieren, nada pueden esperar los pobres del Sisbén, cuyas caras no son de recibo en hospitales, como lo testifica el autor de la reseña. Si es que el pobre tiene arrestos para apelar a la tutela, mientras ésta se tramita el pobre desaparece. En Monguí, población fundada en 1865, se construyó por primera vez un precario centro de salud en los años setenta del siglo pasado. «El cargo de médico y odontólogo están creados pero no ha sido posible su nombramiento», y la instalación se encuentra deteriorada por abandono. (Página 133 del libro Ciudad de Moreno: origen y destrucción, por Nayder Yesit Magdaniel Ojeda, editado en el 2002 por la Gobernación de la Guajira).
Dice la monografía que constituye un éxito el gran número de especies y variedades reconocidas, teniendo en cuenta la aridez del suelo. Esto mismo hace que la vegetación existente sea primordial, y se conforme una mitología de las plantas en relación con los animales, que tanto proveen amuletos o tóxicos para la brujería, como inspiran diseños en vestuario y artesanías. Gentes reservadas frente al extraño, los guajiros se expresan en formas y colores con un gran sentido artístico.
La rica tradición botánica se manifiesta especialmente en los fertilizantes para mujeres. El trupío en la Guajira, o los brebajes en todas partes, son muestra del empeño y el ingenio para asegurar la procreación en áreas despobladas.
El mérito y utilidad del Estudio son incuestionables. Por ello se nota la falta del código de barras y de la tarjeta de clasificación bibliográfica, dos detalles de importancia en esta clase de publicaciones.
Finalmente, debe anotarse un defecto característico de los libros científicos actuales, aunque se originen en universidades: redacción deficiente, o mal servicio de corrección. Los autores dominan el tema, mas no el idioma. En algunos casos por no ser el español su lengua materna; en otros por descuido. Es un error grave, que demerita el trabajo científico. Suele disimularse explicando que se opta por una redacción sencilla en beneficio del lector común. La redacción incorrecta es otra cosa y, para ser sinceros, puede echar a perder un trabajo ingente.
Jaime Jaramillo Escobar