Libros aparentes

Reseña por Jaime Jaramillo Escobar · 2008 · Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. 45, n.º 78

Sobre De una a otra montaña, de Horacio Benavides — Universidad Nacional de Colombia, Colección de poesía. Obra reunida, Bogotá, 2008, 362 págs.

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De una a otra montaña parecería ser un grito, o una canción, o un viaje. Nada de eso. La edición anuncia lo que no tiene. Al preguntarle al editor de una notable revista de poesía por qué desperdicia sus páginas en textos insulsos, intrascendentes e inútiles, respondió que lo que ocurre es que ya no hay poetas, que la poesía se acabó desde hace mucho tiempo. Que la revista existe porque a pesar de todo mantiene su firme creencia en la resurrección de la poesía. Siendo él mismo gran poeta, se entiende su optimista terquedad. Lo cierto es que la poesía ha sido siempre muy escasa, que un sólo poeta llena una época. Y que, como en todas las artes, la belleza florece sobre la base endeble de un tallo que se inclina. Proliferan quienes se proclaman poetas en su candorosa ingenuidad. Pero tal vez ellos son el tallo de donde saldrá la flor.

El fin de la poesía, como el fin del mundo, son anuncios permanentes con los que tratan de asustarnos, y algún día ambos desaparecerán. Desaparecen los imperios y la poesía eleva su canto sobre las ruinas. Desaparecen las lenguas, y queda la poesía trasvasada a nuevos idiomas. Se dijo que la Internet acabaría con la poesía, y resultó convertida en su principal vehículo de difusión. Señores: no pierdan su tiempo luchando contra la poesía. La poesía es invencible. Los malos poetas no desprestigian a la poesía. También hay malos músicos y malos pintores. Y pésimos economistas.

Se debe celebrar la aparición de un mal libro de poemas, como se celebran las horrorosas canciones de hoy en día, que ya no las escriben los poetas, ni tienen nada que ver con la música, pero que confirman el impulso natural y colectivo de cantar. Celebremos, pues, la aparición de este libro que ofrece generosamente la universidad con las mejores intenciones y con el deseo de acertar, premisas suficientes para quedar agradecidos.

El volumen se presenta con esa carátula negra que se puso de moda entre los poetas a partir de Visor, y que si algo expresa no será más que luto por la poesía. Recoge seis libros dados a la imprenta durante veinticinco años, hasta el 2005, y no es cosido con hilo, como convendría al número de páginas, sino pegado, tan bien pegado que apenas entreabre para que medio lo lean. Un desperdicio de papel en 362 páginas, por quinientos ejemplares, lo que da 181.000 páginas, si mi pequeña calculadora china no se ha equivocado. Poesía intelectual mal entendida, en estilo telegráfico, sin puntuación. Como si el Nocturno de Silva pudiera reducirse así:

Noche
Luna
Abrazados
La sombra

Eso es exactamente. «Pequeño mundo, casi infantil», dice el prólogo. Un escritor brasileño redujo a Proust a un tomito de bolsillo, explicando que basta para la actualidad, tal vez sin darse buena cuenta de que, con eso, la actualidad literaria no puede quedar más empobrecida.

Los seis libros son todos iguales. Sus conceptos permanecen inalterables a través de los años, por lo cual la obra puede estar satisfecha de su unidad temática y estilística.

Aunque se trata de minipoesía («Brillante forma de joyas diminutas», dice el prólogo), la letra también es mínima en una fuente inexpresiva, con el evidente designio de que el texto afecte lo menos posible a la página en blanco. Por eso dice también el prólogo: «Podría ser que en la sencillez radique su secreto».

Perdido en las palabras, el autor desalma en el insólito modo de ocultar lo que se quiere decir, a fin de proponer trucos retóricos y enigmas carentes de interés. Vano ejercicio literario que abona excesiva confianza en la buena voluntad del impaciente lector. Es la deformación profesional consistente en reducir todo a la mínima expresión: el balbuceo. Cuando no enmudece, el libro gaguea. La literatura ociosa tiende al abuso.

Conviene que la reseña aporte muestras. En la página 141 se alude, según parece, a la idea de resurrección (o cualquier otra forma de resurgimiento), con el novedoso ejemplo de la oruga:

SUEÑO
Ser una fea oruga
cerrar los ojos
dormirse en el capullo
despertarse
mariposa

En la página 269, en el poema titulado El poeta se queja de su suerte, encontramos esta clarividente estrofa:

Sé que han disertado
en numerosos ensayos
sobre lo que puse en el papel
mas yo me desconozco

La mayor parte de la poesía que se publica en Colombia son palabras vanas. Nada dice. De nada sirve. Las señoras la aprovechan para enviar la misma esquela de amor fraudulento, que ellos reciben con bostezos, y lo demás es entretenimiento compulsivo de desocupados, que sirve como material para el psicoanalista, o los ejercicios de aprendiz que sin vergüenza se publican con ruidosa propaganda para llenar hojas de vida. El amor, según dicen, es el principal motivo de la poesía. Encerraron al tierno Epitamo porque dijeron que tal vez quería matar a su esposa. Si fuera por esa presunción, no quedaría hombre libre en las calles.

Un par de breves textos, sin embargo, pueden compensar la lectura de un libro. Aquí están:

NIEVE
Solo va el hombre
solo en su mula

la luna pone en camino
a los dos jinetes

una mula es de silencio
la otra de casco sonoro

un jinete va por el puente
el otro por el río

los dos se encontrarán
cuando entren en lo oscuro

DESEO DE VIEJO
Levantando la cabeza
y estirando el belfo
aspira profundo

Ha percibido ese olor
que le renueva la sangre

Envalentonado
rengueando un poco
se acerca a la yegua
que le recibe
con una patada amorosa

El caballo viejo
pronto se olvida
y vuelve en paz
a su hierba

Jaime Jaramillo Escobar