La exitosa mediocridad
Reseña por Jaime Jaramillo Escobar · 2008 · Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. 45, n.º 78
Sobre Parapapá. El manual perfecto para convertirse en un padre modelo, de Jorge Maronna y Daniel Samper — Espasa Calpe, Bogotá, 2008, 165 págs.
Desde el punto de vista bibliográfico debe decirse que se trata de un volumen humorístico ilustrado, dirigido a los papás sobre la crianza de niños, con la particularidad de que se refiere sólo a los varoncitos. Las bebitas quedan excluidas, excepto para proponer nombres como Emerenciana, Fredesvinda, Monegunda y Restituta. En la portada lleva una cinta que lo recomienda como «El regalo ideal del padre». Porque la obra no tiene otro propósito que el comercial, basado en el prestigio del nombre de los autores. Hacer el ridículo por dinero es profesión antigua y lucrativa ante auditorios de risa fácil, que se entretienen con cualquier pretexto. La vacuidad deliberada muestra la intención de que pueda entrar en los hogares sin ofender. Se presenta como un libro cuadrumano para burlarse de los padres en su día. No es tomo de biblioteca, sino de aeropuerto, para manos tornadizas, propensas al entretenimiento pasajero. El humor debiera tener como divisa no ridiculizar a seres mortales.
Periodismo festivo intrascendente, se divide en 53 capítulos craneados con gancho publicitario como «La teta y usted», «Sexo desenfrenado durante el embarazo», «¿Cabe el sexo después del parto?», «Niños y otros animales» (que recuerda el título de Julián Huxley Mi familia y otros animales) y demás temas, todos relacionados con la puericultura. El lenguaje parece más argentino que español, como lo muestran los siguientes ejemplos:
Página 16: «afirmaba de que en el sexto día, Dios [...]».
Página 32: «que no deben de ser muchas».
Página 81: «Los periódicos informan de que el pequeño [...]», etc.
De un país en conflicto social violento lo primero que huye es el humor. En Colombia no existe, para la actualidad de esta nota, un sólo humorista gráfico ni literario que amerite su nombradía. Sin embargo, el humor, con su capacidad corrosiva, podría ser eficaz para zaherir al bandidaje criminal de izquierdas y derechas que amenaza con destruir a la nación que lo soporta, y para diluir las amarguras en el sarcasmo que la conciencia pública podría oponer a sus desgracias. Los dos disolventes universales son el agua y el humor. En cuanto al amor, que se suponía —cosas del siglo pasado— que era el que llenaba al mundo de bebés, mi médico dice que es bueno para el corazón, pero muy malo para la cabeza.
Aunque ocurre en todas las clases sociales, ningún capítulo previene contra el maltrato a los niños: entregarlos en manos de nodrizas y niñeras, dejarlos solos, cambiarles el padre, abandonarlos en Bienestar Familiar, dárselos al perro para que juegue con ellos. Los padres se divierten mucho con el llanto de los niños y por eso les pegan: para verlos llorar. Mientras más lloran, más les pegan. En un muro del barrio Santo Domingo Savio de Medellín, una asociación comunitaria advierte en grandes y piadosas letras: «No les pegue a los niños con rabia».
Hecho para infantes que tienen papás, el libro ignora a los que no lo tienen, que en la actualidad son la mayoría de la población desde que los papás pasaron de moda. Desconoce el trabajo de las madres en la crianza y sólo se refiere a los sufrimientos del papá. No resulta exagerado suponer que la publicación les habrá causado a los autores algún irónico reclamo de sus pacientes cónyuges. «De todas las artificiales creaciones de la sociedad humana (escribe Jacquetta Hawkes en la Historia de la humanidad de la Unesco), la idea de un padre perpetuamente amante y responsable de los hijos pequeños es probablemente la más alejada del instinto natural».
Nadie tiene tanta prisa como aquél que se dispone a hacer el ridículo. No queda claro si los autores subestiman al lector, o por el contrario lo conocen muy bien. La principal deformación profesional del escritor es el exceso de confianza en sí mismo y en su firma. Una firma acreditada bien puede encubrir una estafa.
Las madres buscan en el hijo un muñeco vivo para jugar y entretenerse con él, y los padres una reproducción suya para darse importancia, hasta que crezca y empiece a estorbar en la casa. Por más que se hayan desvelado mientras el bebé lloraba sin saberse por qué, en realidad la vida no merece agradecimiento alguno. El bebé lloraba asustado por haber nacido de repente, y para protestar a su manera por la sorpresa de sentirse un ser y presentir de algún modo que nada bueno le esperaría.
A ese bebé que tanto quieren, y del que después se arrepentirán, pronto empiezan a enseñarle todas las mentiras que conforman la sociedad, de las que le será muy difícil escapar por haber sido grabadas a golpes en un cerebro maleable, recién nacido para la infamia del mundo. Y esta es la misma razón por la cual se aprovechan de niños y jóvenes las ideologías, religiones, enemigos de la verdad y sectas de una u otra clase, en el afán de dominio de todos los poderes.
A los jóvenes les hace falta saber cómo era Colombia hace cincuenta años. Habría qué decírselo, si tuviésemos una verdadera cátedra de Historia. De todos modos se quejarían. Es propio de los jóvenes quejarse. No hacen más que quejarse. Y cuando a ellos les corresponde recibir el gobierno, nada hacen de lo que antes les parecía tan importante y urgente, cuando eran rebeldes y aspiraban a dirigir el mundo.
El libro termina cuando los críos llegan a la adolescencia (a los siete años, dice) y el desorden se apodera del hogar. «En el mundo occidental —escribe Henry Miller— el hogar es un campo de batalla en el que el marido pelea con la esposa, el hermano con la hermana, y los padres con los hijos. El alboroto sólo es ahogado por la radio, que se hace eco de la misma situación, sólo que en una escala mayor, más brutal, más pervertida, más despreciable».
Esa barahúnda refleja que el hombre es un ser desesperado, que en su cerebro se aloja un miedo cerval instintivo, consciente desde su nacimiento de la inutilidad de su vida frente a la indiferencia del universo. De ese vacío se hace eco la copla popular:
Del momento en que nací
no tengo ningún recuerdo,
y tampoco lo tendré
del día que me haya muerto.
No vale la pena aprender a leer para encontrarse con esta clase de libros encabezando la lista de las librerías entre los más vendidos de cada temporada.
Jaime Jaramillo Escobar