La dificultad de la autocrítica

Reseña por Jaime Jaramillo Escobar · 2013 · Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. 47, n.º 84

Sobre Colombian Reality show y otros relatos, de Jairo Hernando Gómez Esteban — Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Bogotá, Colección Nueva literatura Colombia, 2011, 173 págs.

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Que el autor es buen escritor y narrador lo prueban varios de los relatos incluidos en el libro. Que le falta autocrítica lo muestran los demás. El libro se salva por los primeros.

«Dilema de amor y de oficio» (18 págs.). Asunto: sucede en Bogotá, en un prostíbulo popular de Chapinero. Bien concebido, bien calculado y estructurado, en la técnica del narrador omnisciente. No es escritura, sino redacción. Sin estilo. Escribir es creación y requiere arte. Redactar es oficio común. En eso se pierde el cuento, que requiere esfuerzo para ser leído. El buen cuento debe llevar al lector de la mano hasta el final.

Personaje principal: hombre casado. Matrimonio cansado. Él llega al prostíbulo por casualidad. Se enamora de una mujer de la casa, que no está interesada en romances ni en cambiar de vida. En la calle, por causa de un cigarro de marihuana, se presenta un breve altercado con un agente de policía. Este cae, con fuerte golpe en la cabeza. El hombre cree haberlo matado y huye a esconderse en el prostíbulo. Hasta allí llega buscándolo la patrulla de policía. Final abierto entre dos posibilidades, a elección del lector. Ante la propia indecisión se le dice que resuelva él. Generosidad del autor.

«La alegría de Bach» (24 págs.). Extenso cuento intelectual, compuesto por el cruce de cartas entre madre e hija, exiliada en Suecia. Amor conyugal, preocupaciones familiares y académicas, filosofía de la vida. Condimentado con citas y referencias literarias del mundo universitario. La conclusión está en las referencias a Colombia:

Yo sólo quise alejarme de ese país asesino, hipócrita y cínico. [...] No quería que mis hijos se criaran allá, en ese lodazal de violencia y corrupción, sin futuro y sin certezas.

Yo no puedo sentir, ni siquiera de lejos, el más mínimo optimismo por mi país por más grotesco que pueda parecer; creo que nos hemos vuelto adictos a la violencia y a la corrupción, viciosos de venalidad y cinismo y sin posibilidades de cura ni tratamiento, estamos condenados no sólo a no tener una segunda oportunidad sobre la tierra, sino a un eterno éxodo de la patria para no morirse de miedo, de hambre o de asco, alevosa y cobardemente, como mueren la mayoría de los colombianos.

«Una vida irredenta» (12 págs.). Personaje de ficción desdoblado, que se habla a sí mismo frente al espejo como si fuera otro. Recuerda o narra su vida como un tropel de sensaciones encontradas mientras espera en la clínica, con el paliativo de la morfina. Las visitas que recibe, tanto pueden ser reales como fantasiosas. Y por segunda vez en el libro, el relato queda abierto, para que el lector escoja el final que mejor le plazca. Esta clase de final tiene el inconveniente de que el juego que se propone al lector le resta seriedad al texto. El autor implica al lector en el asunto con poder decisorio, incluyendo el de veto.

«Colombian Reality Show» (8 págs.). Relato de un secuestro por las FARC. Una compañía de turismo ofrece un viaje de vacaciones ecológicas, cuya finalidad es llevar rehenes a la guerrilla, que espera en un determinado lugar. Parece tomado de la realidad. Breve, conciso. Periodístico, eficaz.

«¿Te gusta Pessoa a vos?» (17 págs.). Narración (como las demás del libro), dirigida a un público predeterminado. Romance de vacaciones en Buenos Aires entre dos chicas y un galán. Pasean por la ciudad, se aman, viven al estilo de una clase social que la literatura describe desde mediados del siglo XX. Pasada la aventura deben regresar del viaje, y queda el cuento para que otros sepan qué fue lo que hicieron allá, o para qué sirven unas vacaciones. La importancia que el asunto tiene no va más allá de eso. Entretenimiento pasajero para llenar el tiempo.

«En un olor amargo de pistolas, en un color azul de ojos perdidos» (14 págs.). Un capo del narcotráfico llamado Wilson Wessio, jefe de una banda de sicarios, solicita un periodista al diario para concederle un reportaje. El narrador es el periodista designado por el jefe de redacción. Sólo la llegada a la gran casa cuesta un muerto. El capo quiere la entrevista porque se siente rehén de sus propios escoltas y presume que lo matarán. Apartes de sus declaraciones: «El miedo a morir en cualquier momento nos ha generado a los colombianos una permanente disposición para matar a cualquiera, a cualquier hora». De sus «muchachos» dice: «Sólo matando sin emociones sobreviven en un mundo de muerte». En efecto, pocos días después, a Wessio lo asesinan los «muchachos». El periodista, perturbado, se pierde en la famosa «calle del cartucho». Saque usted las conclusiones.

«Pensamientos de un muerto» (10 págs.). Discusión sobre la muerte, en la experiencia de un cataléptico. Habla el muerto: «Cuando se vive para el odio y la aniquilación del otro, la muerte se convierte en el único estado razonable y decente de la condición humana». «Mis hijos, que hoy se han reído frente a mi cadáver, serían incapaces de hacerlo a la mesa de un restaurante». Por último, la esposa, que ya tiene un amante, aprovecha para decidir la cremación del muerto vivo.

«Sophia vida mía» (17 págs.). Una mujer joven y bella resuelve despedirse de la vida con una gran fiesta entre sus amistades. Se divierten, gozan «como locos». Al final, ella desaparece. El interés de la narración está en asistir a la fiesta. Asista usted también.

«¡Entréguenme el Estado!» (17 págs.). Tema político de bajo nivel, burdamente tratado en forma panfletaria, sin valor literario alguno.

«De isla en isla y de disturbio en disturbio» (8 págs.). Personaje que mezcla realidad y ficción en una historia de amor incomprendido. La búsqueda de originalidad a toda costa produce retorcimiento y confusión en los relatos. Resultado pobre. El cuento decae hacia el final, con un cansancio inocultable del autor.

«La vida no es un argumento» (3 págs.). Tema: suicidio frustrado. Esquemático y predecible. La casualidad, preparada por el autor, interviene a tiempo. Ocurre cuando los relatos son producto de la teoría literaria: cómo se escribe un cuento. Ni la academia ni la política dan el talento y la inspiración. Cuento y poesía obedecen a los mismos principios. La narrativa no es oficio, sino arte. El arte no es producto de la técnica. Esta es sólo procedimiento. Relatos forzados nunca producen buen resultado. El narrador, como el poeta, requiere la presencia del duende.

«Autobiografía de un profesor ocasional» (9 págs.). Ensayo autobiográfico. Por tanto, de una época. Proclama tesis tan discutibles como la disolución de los viejos esquemas familiares, el derecho permanente al ocio, y prohibido prohibir. La anarquía total. Pues en la anarquía estamos, y eso es precisamente lo que nos está matando. Son consignas contradictorias. Todo Estado requiere un ordenamiento social, como lo prueban los anarquistas si llegan al poder. Lo primero que hacen: todos a trabajar, a formar sus familias, a comportarse bien.

Jaime Jaramillo Escobar