BOGOTÁ, FEBRERO 22 DE 1981

Jaime Jaramillo Escobar

Querida Creusa:

El castellano es un buen idioma para gritarlo en el cuartel. Para dirigirse a una dama es mejor el portugués. Pero te escribo en castellano porque la curiosidad de las mujeres las ha hecho siempre sensibles a lo exótico.

Dices en tu tarjeta que, para escribirme, tienes que pensar. Eso me parece raro, pues yo creía hasta ahora que las mujeres brasileñas nacían sin cabeza. Siempre que la propaganda publica fotografías de modelos para promover el turismo en el Brasil, lo único que se ve es la tanga. Si dejan ver un poco más, incluyen las piernas. Nunca he visto acá una foto de mujer brasileña que sobrepase de los hombros. Por eso yo creía que nacían sin cabeza, aunque a decir verdad no me sorprendía ni me importaba mucho, pues en Colombia estamos acostumbrados a no exigirles a las mujeres que piensen, sino sólo que sean lindas de ahí para abajo.

Pero claro, un hombre como Geraldino no podía casarse con una mujer sin cabeza, para que le nacieran hijas y nietas sin cabeza, y por eso te escogió a ti, que además de ser brasileña, es decir linda, tienes también cabeza y manos y alma de artista.

No deseo que escribirme implique trabajo. Porque no se justifica el artificio en la amistad. Yo no tengo que pensar nada para decirles que los quiero mucho a todos ustedes.

Leí y aprecié los reportajes con tu padre, cuya noble figura ya no olvidaré. Aunque no tengo habilidad musical, reconozco en la música la primera de las artes. Escucharla es mi cielo.

También la pintura y la escultura me gustan más que la literatura. El músico, el pintor y el escultor nunca engañan, ni pueden engañar. En cambio, los escritores, sí que pueden y suelen hacerlo. He procurado no escribir, pero, cuando menos lo deseo, estoy siempre escribiendo.

Si me hubiera sido dado el don de la música, hubiese sido muy feliz. Para el dibujo tuve alguna facilidad, pero no la desarrollé, porque en mi pueblo ése no era oficio de hombres. Ya por el sólo hecho de mi inclinación a los libros parecía sospechoso.

J. J. E.