Literaturas regionales

Reseña por Jaime Jaramillo Escobar · 2005 · Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. 42, n.º 68

Sobre Literatura de Caldas, 1967-1997. Historia crítica, de Roberto Vélez Correa — Editorial Universidad de Caldas, Manizales, 2003, 434 págs., il.

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Veintiocho (28) novelistas (mal contados, pues el ejemplar disponible presenta ocho páginas en blanco), veintiséis (26) cuentistas (algunos de ellos provenientes del capítulo sobre la novela), cincuenta y cinco (¡55!) poetas y ocho escritores para niños conforman la nómina literaria del departamento de Caldas en los últimos treinta (30) años del siglo XX, con unas ciento sesenta (160) obras, según el paciente y eficiente estudio realizado por el autor del libro en referencia. Se excluye la ensayística, que por su magnitud merece tomo aparte. Baste anotar que empezaría con un centauro: el doctor Otto Morales Benítez.

Para su mejor comprensión, los capítulos están estructurados en modo cronológico, con subdivisiones generacionales y temáticas. Cada uno tiene introducción y conclusiones, y la exposición se hace por nombres y obras. El autor concede a los nombres importancia principal. En página 279 expresa: «Un sector de la crítica prefiere alejar la imagen del autor para acometer el estudio de su obra. Afortunadamente, la radical posición opera más en la narrativa y menos en la lírica, donde la subjetividad del hombre está comprometida hasta la médula».

La sección que se destina a la novela comprende setenta y cuatro (74) páginas, al cuento setenta y una (71), a la poesía ciento cincuenta y cinco (155), y cuarenta y tres (43) a literatura para niños. Dado que se trata por aparte la llamada literatura femenina, conviene anotar que entre los novelistas no figura ninguna mujer; entre los cuentistas sólo una; una en el capítulo de literatura infantil, y siete entre los poetas. Las expresiones literatura femenina o literatura infantil son malos estereotipos que se quedaron así por la costumbre simplificadora.

Sorprende que el autor haya tenido la paciencia necesaria para leer a todos los autores que incluye, y redactar sobre cada libro una reseña objetiva, no carente de crítica ni de condescendencia, como es propio cuando se consideran dentro de su ámbito literaturas regionales. Si hay lugar a ello, apoya su opinión en textos críticos de diversos autores acerca de las obras que menciona. En general, prima el concepto de que buenos escritores sí los hay, pero que permanecen desconocidos por los motivos de siempre: pequeños tirajes, deficiente distribución, falta de publicidad, carencia de lectores, etc. En varias páginas reafirma los valores locales, señalando premios y las muchas menciones y segundos lugares obtenidos por escritores caldenses en concursos locales y nacionales, lo cual se resalta demasiado, pues tales distinciones suelen ser insignificantes. De todos modos, la literatura caldense cuenta con amplio reconocimiento nacional, y Manizales goza del prestigio de ciudad culta y señorial. La literatura joven lo niega, y trata de demostrar lo contrario desacreditando a sus mayores, con lo cual se muestra indigna de una tradición honorable, de lucha y trabajo. La fundación de Manizales, en tales riscos, fue hazaña épica que aún no se ha cantado. Bernardo Arias Trujillo tenía pulmones para eso, pero la muerte le atravesó la segur. La novela histórica es un género importante si está precedida por suficiente investigación y los conocimientos necesarios para recrear épocas y personajes. Otra cosa es la chismografía novelada, la intención irresponsable y perversa de desprestigiar la misma ciudad a la cual se le reclama reconocimiento honorífico por los insultos que se le ofrecen.

Resulta injusto atribuir el cargo de hipocresía a una sola ciudad. La hipocresía es propia del género humano. Necesidad social, universalmente aceptada. Sin hipocresía no se puede vivir en sociedad. Los antiguos atenienses, además de envidiosos, también cultivaban la culta hipocresía. En todo el mundo, la diplomacia no existiría sin la hipocresía que la caracteriza. Afectación de virtudes, cualidades o sentimientos de los cuales se carece, dice el diccionario. Mire en sí mismo antes de tachar a otro de hipócrita. Por eso el mítico Jesús despreciaba a los hipócritas y fariseos. En el Nuevo Testamento abundan los regaños a tales gentes. Hay que fingir para vivir decentemente, dice la vieja canción. La confusa crítica social, que singularizó al nadaísmo, como a todos los revolucionarios, es herencia de predicadores. De dientes para afuera. Los pueblos se consideran hipócritas unos a otros, y los individuos también. Quienes critican la hipocresía de Manizales, allá viven felices entre nubes de cinismo.

Subtitulado como Historia crítica, entre dos fechas arbitrarias (1967-1997), este libro se constituye en un buen ejemplo para el estudio de las literaturas regionales, minimizadas desde Bogotá por inveterada costumbre, pero que resultan valiosas e importantes ante la crítica profesional, que va dejando de ser exclusiva de la centralista y celosa capital. Quien abrió el camino para la consideración de las literaturas regionales en Colombia fue el doctor Otto Morales Benítez, con sus ensayos y estudios sobre autores de muy diversa procedencia.

La edición, de la Universidad de Caldas, luce bastante bien en términos generales, aunque la impresión de las viñetas deja mucho qué desear, por los motivos que sea. El lector no tiene nada qué ver con las dificultades de los editores. Sólo le interesa el resultado. Si es pobre, la obra desmerece.

La redacción es profesional, con algunos defectos también profesionales: «…apenas ahora nuestra digna dama viene a hacer uso de su poder creativo en la prosa, donde el nivel sintagmático exige una presencia del discurso horizontal racional, menos intuitivo que el vertical paradigmático de la poesía». Oigan a éste.

El escaso experimentalismo en la literatura caldense constituye una buena señal de madurez. El experimentalismo es repetitivo, y sólo muestra desconocimiento de las literaturas. Los jóvenes inventan una y otra vez lo mismo que ya era viejo para sus antepasados. Sólo que le ponen otro rótulo, como el señor que va a la notaría para hacerse cambiar de nombres.

La poesía no se escribe porque no se tiene nada mejor qué hacer. Haber reemplazado a los poetas por poeticas llevó a la sustitución de los poemas por poemitas. La belleza no es para todos. Sólo para quienes pueden apreciarla. Cuenta el libro que, en años recientes, existió en Manizales La banda de los cuatro, que se hacían llamar POETAS TÓXICOS. Vomitaron facilito (en un folleto) las pocas toxinas que tenían, y desaparecieron. Dónde están ahora, se pregunta el autor.

Acerca de las conclusiones del capítulo sobre la novela no se puede decir nada, porque se interrumpe con cuatro páginas en blanco. ¿Por qué no se procuró otro ejemplar? Para que se den cuenta si el control de calidad es útil o no, y para que aprendan a respetar al consumidor. De malas estuvieron, que uno de los ejemplares incompletos cayera precisamente en manos de la crítica.

Las conclusiones que se desprenden del capítulo sobre el cuento son principalmente dos: en una primera etapa predomina el realismo tremendista de las zonas marginadas, que luego es sustituido por las zonas rosas, «donde habitan los dueños del mañana en medio de la droga, el alcohol, el sexo y la incertidumbre por un futuro que definitivamente no les garantizamos».

Las conclusiones sobre la poesía comprenden siete páginas, en atención a la amplitud del tema: un centenar de libros. Pero los asuntos tratados y sus consecuencias son los mismos de siempre: «el amor, que es una trampa mortal para la literatura», y «la rebeldía literaria y contra la existencia que algunos adoptaron hasta la tragedia y el cercenamiento de sus vidas e ilusiones, como sucedió con Rodrigo Acevedo González y Carlos Héctor Trejos (muertes hermanadas en el suicidio), y los caídos en el mundo de la droga, como Mercedes Valencia y Juan Carlos Pizarro».

Así culmina todo, pues lo que sigue es el capítulo dedicado a la literatura infantil, sin nada relevante, y diez índices que merecen destacarse como algo excepcional en un país donde los libros, muchas veces, ni siquiera ofrecen índice de contenido. También están, lógicamente, las Conclusiones generales (once páginas), pero la reseña no puede abarcarlo todo. Consiga el libro antes de que se agote, pues sólo hicieron quinientos (500) ejemplares para cuarenta millones de personas, el máximo tiraje de una obra de crítica literaria en la culta Colombia, según dicen.

Si usted no se dio cuenta de que este artículo está desordenado, vuelva juegue y ordénelo a su gusto. Le dirá lo mismo.

Jaime Jaramillo Escobar