Libros insulsos
Reseña por Jaime Jaramillo Escobar · 2011 · Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. 46, n.º 81
Sobre Carolina ya no aguanta más y otros cuentos, de varios autores — Universidad Central, Bogotá, 2009, 144 págs.
El libro resulta de un concurso para egresados del taller de escritores de la Universidad Central en el 2008, el cual contó con cuarenta participantes. Se publica con el propósito de conformar un volumen que sirva de sustento a la obra ganadora y tres finalistas, así como proyectar el taller nacionalmente, ya que tiene la particularidad de ofrecer diplomado y especialización en creación narrativa. Además, practica el seguimiento posterior a los egresados para que las ovejas no se vayan a descarriar.
Ninguno de los grandes autores tuvo nunca diploma de escritor, avalado por un prestigioso centro universitario. En la actualidad ello es posible, porque sin diploma no se puede recibir la inspiración que sólo proporciona la academia a quienes paguen el curso completo, ni tampoco presentarse ante un editor sin cursar previamente diplomado y especialización. En tal circunstancia es necesario separar y distinguir muy bien, no sea que resulte un poeta arrebatando su espacio a los prosistas, o peor, un prosista degradándose al arte fácil y anodino de escribir versos.
Pasó por Bogotá hace algunos años, en su recorrido por varios países, un falso brasileño, supuesto embajador de una institución cultural, que enviaba con él vistosos y calculados diplomas de reconocimiento a escritores y artistas que debían —como es lógico— retribuir al viajero en forma debida por la distinción. En vez de tomarse el trabajo de asistir a talleres, quienes carecen de duende, pero no de la ingenua ambición de figurar ante el respetable público, bien harían en buscar al brasileño para comprarle un bonito diploma, que luciría en su aparta-estudio, con todas las firmas, sellos, lacres y cintas de rigor.
Si no se tiene talento, inútil cualquier empeño, como lo prueba una vez más el libro en mención. Un individuo podrá saber todas las preceptivas y todas las teorías, pero si él mismo no tiene genio y conocimientos propios, nunca alcanzará a escribir algo de mérito.
El oficio de escritor —anota Hermann Hesse— es estar callado, abrir los ojos y esperar a que llegue el momento favorable, y entonces, aunque el trabajo exija sudor y noches en vela, es delicioso y deja de ser trabajo.
El volumen comprende doce autores, entre ellos tres mujeres. A fin de reseñar los temas tratados (cosa de importancia), debe hacerse un sucinto detalle, siguiendo el orden del índice:
Carolina ya no aguanta más —el relato premiado—, es la historia en nueve páginas de una mujer apurada por atrapar marido. Novio escurridizo; situación insostenible a sus 28 años. Técnica del narrador omnisciente. Él es el que sabe lo que ella piensa, siente y hará. Redacción forzada y basta, sin arte, sin gracia, soporífera.
Con excepción de dos (situados entre los de relleno), en los demás cuentos lo único que falta es el talento narrativo. Predominan temas y formas rebuscados, trucos estilísticos irrelevantes, que no vale la pena dilucidar. Bien redactados pero mal escritos. Escribir es hablar con el improbable lector. El buen relato tiene que seducir desde el primer momento. De lo contrario, no será leído. Sencillo, pero explíqueselo a un principiante, ansioso de exhibir galas prestadas. Nunca piensa en el lector. Escribe para sí mismo. Sin embargo, busca reconocimiento. Tanto, que empieza diciendo: «Querido lector».
Perro por el caño, el segundo cuento, es una historia de familia. El padre, la madre, el hijo, el perro. Narrador: el padre. Redacción truculenta, aunque intenta ser natural. El problema es el hijo.
Cuestión de registro es la cirugía plástica que la paciente solicita y luego queda descontenta porque no resultó como soñaba, y es que ella, en realidad, no tiene arreglo. Redacción normal, aburrida, como cualquier principiante.
Cartillas perversas es otra historia de amor, enredada como todas las historias de amor y desamor. Construida en dos planos, el segundo apela a la bastardilla. El método ahuyenta al lector. Alguien me dijo un día: «No me sirven lectores perezosos. Exijo que el lector haga un esfuerzo de comprensión». Errado. Es el autor el que debe hacer el esfuerzo de agradar, puesto que es el pretendiente. Si se empieza despreciando al lector, conquista perdida. Tal escritor se queda solo con su soberbia. La autora, en la técnica gastada del narrador omnisciente, les cuenta el cuento a sus personajes, les va dictando lo que tienen que hacer: «Terminas de preparar el almuerzo, organizas una porción, la sirves en una bandeja y vas a tu alcoba». Cinematográfico, como insinuando el guion. Pretencioso. Tedioso.
Menú secreto de Jeremy es un texto dedicado a Frida Kahlo. La acción sucede en un restaurante exótico de lujo. El dueño, aficionado a la extravagancia, constituye un personaje sui géneris que se corresponde bien con una dama caprichosa, de empalagosa suficiencia. Probablemente tiene algo que ver con menús servidos en el aire en honor de Frida.
Redención es un relato político irresponsable y repugnante, malintencionado. La clase de armas que a la larga se vuelven contra el mismo autor y su fanatismo ideológico.
El juego de la pasión es, sin duda, el mejor de los relatos seleccionados. Invita a la relectura. Su recuerdo salva el concurso. El tema no es más que la primera experiencia de un chico con una mujer, pero está muy bien escrito. Poesía de la vida, con sencilla naturalidad da belleza a un episodio bien redondeado, de impecable factura literaria. Vivaz, alegre, jubiloso, sabe manejar contrastes, armonía, colores, movimiento y ritmo en una escena enriquecida con la trascendencia de la sensibilidad, el arte y la magia del origen de su autor, el señor Gabriel Xirgui Javaloyes. Para algo sirve tener alma de gitano. La misma que tal vez se necesita para leerlo.
Un día extraordinario, de tema filosófico, es el segundo cuento que merece atención en el conjunto. Puede parecer simple, pero no lo es. Hay que saber leerlo. Lo que esconde está a la vista. Por eso no se percataron. «Cómo serán las cosas por dentro, si por fuera son tan profundas», es un verso inolvidable de la época en que hippies y nadaístas se encontraron en la comprensión del mundo. Con desenvoltura y ligera apariencia, en seis páginas resume un tratado, como jugando, como bailando con una cierta sonrisa, y reserva para el final el golpe de gracia. Entonces queda claro que iba en serio y es necesario releer.
Recuerdo de mi última comunión es un relato burdo de asunto religioso. Desconoce la psicología infantil y olvida el agrapha atribuido a Jesús: «El que se sienta libre de pecado, que arroje la primera piedra». En política y religión suele apelarse al ex abrupto con la mala fe de todos los extremismos.
Guillermo Zúñiga en el caso Harper es el relato de un paciente que sufre alucinaciones. Más que arte conceptual constituye un relato deshilvanado con el tema que anuncia y personajes estrafalarios.
Por último, Libe se refiere a episodios de secuestro y violencia, asunto que no falta en ningún concurso literario y artístico, como parte constitutiva de la vida en Colombia.
Al final, la información referente a los autores continúa la costumbre de confundir hojas de vida con capacidad artística creativa.
En lugares periféricos se encuentran notables talentos desperdiciados por falta de oportunidades, mientras que, desde la capital, ineptas pero arribistas nulidades se toman el encargo de dirigir la cultura nacional.
Jaime Jaramillo Escobar