La abstracción en poesía

Reseña por Jaime Jaramillo Escobar · 2015 · Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. 49, n.º 87

Sobre Poemas ilustrados, de Juan Felipe Robledo — Tragaluz Editores, Medellín, 2010, 78 págs., il.

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Descripción: plaquette, 14 x 17 cm. 230 g. Contenido: 26 textos poéticos. Ilustraciones a color por Daniel Gómez Henao. Incluye CD con la voz del autor. Colección de lujo en pasta dura, guarnecida en tela. Encuadernación artesanal.

La poesía actual se escribe en prosa fragmentada, sin que cada fragmento reciba el nombre de verso. Verso es medida. Se repite esto porque persiste la confusión al respecto, como se observa comúnmente. No solo en Colombia. La buena prosa también se mide, con otra medida. Al perderse la medida se pierde la proporción. La poesía no depende de la forma. Puede ser en prosa, como la prosa puede ser rimada. El CD confirma la prosa literaria.

Escribir y redactar son cosas distintas. La redacción es de uso general. Literatura como arte requiere inspiración y la técnica de cada género. El texto inspirado también inspira al lector. Si el novelista pierde la inspiración, suspende hasta recuperarla. El lector también puede perder la inspiración en mitad de la novela. Hará lo mismo que el autor. Hasta que le vuelva el Espíritu. Sin emoción no hay poesía.

Diferencia de la poesía en verso y en prosa: el verso admite la poesía con mayor propiedad que la prosa. Dado que el verso y la prosa corresponden originalmente a géneros distintos, podría decirse que la poesía en prosa usurpa un instrumento ajeno, así como en música cada género tiene sus instrumentos propios. Si la poesía en prosa se fragmenta al modo versicular, sigue siendo prosa. Como el verso se desprestigió por mal uso, los poetas apelaron a la prosa.

Ejemplo de la prosa de esta poesía [pág. 18]: «Imagino que si hubiera resuelto a tiempo todos mis problemas con el cálculo diferencial y las ecuaciones de aquellas tardes me sonrieran, ahora estaría resolviendo arduas negociaciones de comercio».

Libro bien redactado. Para personas de sangre fría. Inventa verbos raros, como «mañanar». El color de la tapa dice muy bien lo que es el libro: todo gris. Cuando se termina de leer, nada queda. Ni un fragmento para recordar. Nada que conmueva, que exalte. Lo mismo en la relectura. Será por eso que el aval del libro dice que su autor es «Góngora recuperado». Un exabrupto.

«La superficialidad del tema cerraba el paso a cualquier inspiración», es una observación de Luigi Pareti en uno de los capítulos de la Historia de la humanidad de la Unesco. Aplicable a la mayor parte de los nuevos poetas colombianos, aves de corto vuelo. Poesía que no resiste análisis. ¿Que la poesía no es para analizarla? La comprensión requiere análisis.

Conviene citar algunos apartes:

En la página 15 aspira a ser leído y recordado, en concordancia con que el libro está escrito en la querida primera persona de casi todos los poetas, aunque a veces lo disimulan con la primera del plural: nosotros que somos tan humildes…

Página 17: «El manantial domesticado de la poesía…». Eso es lo malo: lo domesticado.

Página 19: Poesía que se vuelve abstracta por incongruencia deliberada, lo cual hace que se confundan los significados: «Marcel Proust no habría cumplido su malévola tarea…».

Página 23: «Empezaban las hojas a caer, o no caían en absoluto». Qué verso.

Página 27: «La muerte natural del verso nos conduce, / nos arrastra escaleras abajo, / hace que vayamos a trompicones» (resaltado nuestro).

Página 48: «Vindicación de la alegría». «Y mi dicha es la del aguacero que regará los campos, la del leproso que contempla su piel en el piso, mi alegría es la del corsario, la del ladronzuelo, se alimenta de pequeñeces cuando el sol declina, estoy alegre y triste como las ratas en los charcos, dormito en la explanada cerca de los radiadores de Studebakers, sin prisa».

Las ratas en los charcos están alegres y tristes. Eso dice. ¿Está alegre el leproso «que contempla su piel en el piso»? ¿Serán metáforas? Y ese párrafo, cómo escandaliza el oído con los Studebakers. ¿Minucias? Arte es perfección.

Página 58: «Que las lagartijas me quieran sin dudarlo, simplemente mostrándome lo risueñas que están, libres y con el alma atenta a la dicha que nos llama». La poesía puede con todo, dicen. ¿Qué le pasa a uno cuando ve que las lagartijas le sonríen?

Página 67: «Como a Chatterton». «Que, como a Chatterton, nos sea dado desaparecer / sin haber esquivado un solo grito / ni ante un elogio / haber inclinado la testuz. / Alegría del que no ha sido / y todo lo ha soñado». No ha sido, pero ha soñado. Milagros de la poesía. ¿O poeta lógico sería contradictorio?

Página 34: «Las hormigas que conocen bien la sombra no tienen ningún motivo de vergüenza». ¿Vergüenza? ¿Las hormigas?

«Se entregan a las palabras más que a las ideas», dice de los poetas Elio Arístides.

Página 32: «Todo está escondido en el centro del bosque cuando preguntamos por los montes». Escondido como el significado de esa línea. Si el poeta quiere hacerse entender, debe pensar en cómo será interpretado. Y mucho más tratándose de afirmaciones. Poesía es joyería. Importa el detalle. ¿Que se cita fuera de contexto? Cada parte es unidad en poesía.

Página 11: «Mañanas sin prisa en las orillas de un mar que ya no es». Ya no es qué. Y si no es, no tendrá orillas. El texto conserva una cadencia apropiada, pero se desajusta por incongruencia. Lo que quiere decir es que ese mar está en el pasado.

Evitar lo abstruso y lo trivial no es el menor de los cuidados en literatura. En otro tiempo se requería la inspiración. Hoy se hacen los libros de poesía por docenas, como redactando cualquier cosa, sin la «honda emoción» que los antiguos tratadistas exigían del arte.

Jaime Jaramillo Escobar