Este libro

Prólogo a 13 cuentos no peregrinos, de Javier Gil

Este libro –en su género– será una obra principal de la narrativa antioqueña, a la altura de lo mejor de lo mejor, cuando se supere la conocida dificultad de reconocer al que llega. La misma razón por la cual permanecen en la sombra magistrales escritores como Uldario Herrera y Arnulfo Arias, muy superiores a todo lo que hoy se admira y premia, con la única excepción de Mario Escobar Velásquez.

Trasciende a los grandes maestros, que estuvieron limitados en su restringido medio (antes de 1940) por la técnica del narrador omnisciente. Como Carrasquilla, supera el costumbrismo regionalista por la profundidad en el tratamiento de los temas, su penetración psicológica, la maestría en la estructuración del relato, la agudeza de la observación, la presentación de los detalles, el acierto en las descripciones, la variedad temática, la verosimilitud de personajes y situaciones, la naturalidad derivada del realismo, la amenidad por el humor y la gracia, y en general todas las cualidades de una señera creación.

Leídos por el prologuista algunos de estos doce cuentos en lugares tan lejanos culturalmente de Antioquia como San Andrés isla, Riohacha, Caracas y otros, la receptividad del público fue entusiasta, sin que los submundos que representan y el metalenguaje empleado obstaculizaran para nada la comprensión expresada en deleite.

La afición del autor por el cine le permite escribir empleando técnicas visuales derivadas, de modo que el lector asiste como espectador a los acontecimientos, más cinematográficos que literarios. Oportunidad que no tuvieron don Tomás Carrasquilla ni don Efe Gómez. En estos cuentos los actores obran por sí mismos, autónomamente, sin que el escritor intervenga en sus circunstancias, como el que filma un documental.

Por distintos motivos el costumbrismo en Antioquia perdura en sus diversas facetas: rural, urbano o social. De Manuel Mejía Vallejo pasa a Mario Escobar Velásquez y luego a una nueva generación de herederos que continúan la tradición con las variantes de época. Toda la narrativa se puede considerar como de costumbres: de nivel social, actividades, etapas históricas, etc. Siendo el ser humano animal de costumbres, cabe denominar costumbrismo a sus relatos.

Escritor profesional, el autor de este libro nada improvisa ni deja al azar. Experiencia decantada, cada cuento es producto de prolongada y paciente labor, hasta asegurar el resultado. Por eso resiste la llamada prueba de fuego del texto literario: que sobre él se pueda escribir extensamente, lo que comprueba su riqueza conceptual y su fecundidad.

La profesión de historiador le ha servido al autor para orientar sus investigaciones, ampliar la observación y refinar el análisis, así como interpretar sectores sociales, relacionar con sabiduría los hechos, llegar a las motivaciones y redactar en forma convincente, vivaz, apasionante. Resultado: un libro conmovedor, que produce múltiples emociones. Es decir: un ser vivo y arisco, palpitante en tus manos, muy distante de los acartonados y soporíferos relatos que privilegia una crítica miope, igualmente perezosa y adormilada, cuando no envidiosa y mezquina, o servidora de intereses extraliterarios.

El cuento en todas sus modalidades debiera ser el género literario más importante en Colombia por sus mayores posibilidades entre los lectores: más fácil que la poesía y la novela. Lo es en varios países de las Américas, pero acá perdió vigencia por el rechazo de los medios impresos. Error que el futuro cobrará. Se compraban los diarios y revistas por el cuento de la semana. Los temas abundan y los buenos cuentistas también, pero entrado el siglo XXI los espacios para el cuento se cerraron. Esporádicos concursos no rectifican el mal cálculo. La inteligencia supeditada a las encuestas. Planear el porvenir por encuestas públicas es permitir que decida la ignorancia. El compromiso con la cultura fue en otro tiempo razón de ser de los medios impresos. Lo que hoy llaman cultura no es más que farándula.

Alegre y sociable, metiendo las narices en todo como don Tomás, para encontrar los temas, la curiosidad del autor revierte en una larga serie de cuentos memorables, que se disfrutan con sostenido interés e incitan a compartirlos, garantía de perdurabilidad de toda buena literatura.