RECIFE, 25 DE DICIEMBRE DE 1982

Geraldino Brasil

Cuando yo hablaba de ti como traductor de mis poemas, publicándolos en varios países con tanta dedicación, te encontraban admirable. Ahora que el libro llegó, me dicen que no existes. En la medida de las personas, no existes.

Pero yo sé que existes. Hace tres años que el cartero trae tus cartas, la telefonista te anuncia, y yo estoy despierto cuando el cartero llega y ella habla por el teléfono. Luego existes.

Sin embargo, ellos tienen razón. Cosa de no creer. En este áspero mundo del do ut des, eres increíble. Qué pena que resulte tan raro lo que haces. Lo que más me emociona es que, siendo así de raro, como pocos ejemplos de amistad entre poetas, pintores y músicos, un agente de Dios haya puesto en tus manos mi libro, llegado de tan lejos. Y que nos hayas acogido, a él y a mí, y traducido y publicado como lo haces. Paulo Hecker me escribió: “La versión de Jaime, en la edición colombiana, está muy buena. El lector prácticamente se desliza por ella de principio a fin, para lo que es preciso un dominio del castellano como él lo posee”.

José Paulo Cavalcanti, mi profesor de derecho civil en la universidad, hombre notable de corazón e inteligencia, me dijo lo mismo que Carlos Lohlé, el editor argentino: que es como si yo hubiese escrito en castellano. Tal tu afinidad con el espíritu de mi poesía.

G. B.