RECIFE, 17 DE NOVIEMBRE DE 1979

Geraldino Brasil

La empleada del servicio doméstico nos dejó, y estamos con ese problema.

Es un gran problema, una empleada doméstica.

Ella se levantaba más tarde que la dueña de casa,

y el reclamo despertaba la mañana de lindo frío soñoliento.

Mal servida la comida, ella se perfumaba y salía para encontrarse con su enamorado,

pues tenía ese derecho que sus patrones no tienen.

Esta vez no regresó de los brazos de su amor,

y quedó el infierno de la ausencia

de la que se levantaba tarde,

la que no hacía nada,

que sólo sabía maquillarse y salir para amar.

Claro que yo me habría quedado sufriendo los infelices tiempos de soltero,

si hubiese sabido que el matrimonio tenía ese problema insoluble.

G. B.