POSFACIO
Jaime Jaramillo Escobar
Nació Manuel Bandeira en Recife, nació João Cabral de Melo Neto en Recife, nació Jorge de Lima en União dos Palmares (Alagoas), nació Lêdo Ivo en Maceió (Alagoas), nació Joaquín Cardozo en Recife, nació Mauro Ramos da Mota (Mauro Mota) en Recife, nació Geraldino Brasil en Maceió y en Recife.
Geraldino (1926-1996), se sitúa entre los grandes del Brasil. Su poesía está hecha para todos como el sol y el agua, y por eso la cantan y le ponen música, porque un verso suyo nos ayuda a vivir, y el que no sabe hacer milagros no es poeta.
Después del gran salto de Manuel Bandeira, Geraldino Brasil viene despeñado, poeta caído del cielo. Con Vinicius de Moraes, Carlos Drummond de Andrade, Mário Quintana, Jorge de Lima, Murilo Mendes, con Lêdo Ivo, Péricles Eugênio da Silva Ramos, João Cabral de Melo Neto, José Paulo Moreira da Fonseca, impregnados por esa eternidad que el mar descarga en los puertos. Los grandes poetas alumbran de lejos. Poeta-faro en la costa de Pernambuco.
Es el poema que fluye seguro, constante. ¿No es así como definimos un río?
Una poesía cada vez más sabia nos espera a la vuelta de la página, y aun sus poemas breves resultan admirables. Sorprendente también su unidad, mantenida por referencias a través de los distintos libros, que son conversaciones, visitas que el espíritu del poeta nos hace en nuestra casa para preguntarnos: ¿Estáis despiertos?
Poesía que muestra que el dolor de los otros también existe, condena nuestro tiempo, pero confía en el futuro. En ella vemos lo cotidiano con otros ojos: el cuchillo en la garganta del gallo que anunció la mañana; el panadero que desea hablarnos, pero de quien sólo se espera una cesta de pan; el ignorado trabajo del ladrillo en la pared; el hombre que va a morir y está aprendiendo a rezar. Y naufragamos como quien se viese obligado a equilibrar un barquito de papel en un aforismo de San Agustín.
“No soy un artista –dice– sino un lírico”. Y con esa modestia se queda allá, en Recife de Pernambuco, escribiendo la más bella poesía sin aspirar a reconocimientos, sino apenas al corazón de los hombres y mujeres que lo lean, y después de leerlo no puedan olvidarlo.
Jaime Jaramillo Escobar