BOGOTÁ, NOVIEMBRE 13 DE 1982
Jaime Jaramillo Escobar
Detenerme otro año en la traducción de tus poemas me hubiera sido altamente satisfactorio, y conveniente, desde luego, para ti. Además, mi responsabilidad lo reclamaba. Pero, desaprovechar la oportunidad que se presentó para la edición hubiera sido también correr un riesgo. Uno de mis maestros, Plinio Apuleyo Mendoza, me repetía que lo mejor es siempre enemigo de lo bueno. Según Paul Eluard, la traducción de un poema nunca se termina, sino que simplemente se abandona. De modo que el libro saldrá como está, sin perjuicio de que después yo mismo haga otras versiones.
Sé que has sido amable en exceso al aceptar mi traducción, la cual no tiene otro mérito que la buena voluntad, ni otro deseo que el de dar a conocer tu poesía en lengua española, y quizá despertar el interés de otro mejor traductor.
Fue una gran sorpresa para mí la llamada que me hizo Fernando González a su regreso del Brasil. No pude verle, pues tenía yo un compromiso aquella tarde, y él salía para Medellín en el primer vuelo del día siguiente, pero se manifestó muy conmovido por la amistad que encontró en ti y en los tuyos. Desbordaba asombro y admiración. Llegó, además, deslumbrado por el Brasil. Me repitió muchas veces: “No te imaginas cómo es esa gente. Ni cuánto te quieren”. Y me confesó que no pudo evitar una lágrima de gozo delante de ti.
Te envío con esta carta El hermafrodita dormido, uno de los muchos libros de Fernando González. Su palabra directa y su franqueza todavía ofenden a los colombianos.
Dos libros más te envío con esta carta. Son de Álvaro Mutis, el gran maestro, quien vive en México desde hace muchos años. Es uno de los poetas colombianos que más aprecio y respeto por la perdurabilidad de su obra, que recrea ese agobiante clima del trópico que tanto me gusta vivir. Mutis es muy amigo de Lêdo Ivo, y amante del Brasil como tantos colombianos.
El corazón iluminado es el único libro que actualmente se consigue de Porfirio Barba Jacob, otro de los grandes poetas colombianos. Lamentablemente, se trata de un volumen plagado de errores de toda clase, como suelen ser los libros editados en Colombia, por ineptitud y descuido. En otro tiempo yo sabía de memoria casi todos sus poemas, y los recitaba viajando solo a caballo por entre las montañas a la orilla del Cauca, el río de mi infancia.
J. J. E.