La proporción de la desproporción

Reseña por Jaime Jaramillo Escobar · 2012 · Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. 46, n.º 83

Sobre Cuentos sin rendijas, de Giuliana Anzellini — Panamericana Editorial, Bogotá, 2007, 122 págs., il.

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El libro contiene una excelente narración autobiográfica, de cincuenta páginas, que se puede releer con interés y agrado, y seis cuentos razonablemente malos, clasificables en la llamada literatura ociosa, que es cuando se quiere escribir, pero no se tiene nada qué decir, y se inventan historias forzadas y truculentas a fin de aparentar originalidad y falso ingenio. En palabras menores: una crónica de escritor profesional, y seis relatos innecesarios de relleno.

El texto que se destaca resulta notable por su estilo conversacional, sencillo, directo, ameno aún entre las peripecias de la vida, iluminado por una sonrisa crítica y comprensiva. La autora pone en esas páginas un talento expositivo convincente, que contrasta con el resto de la obra, aunque pobre el título: Nalgas de chocolate resulta episódico; no refleja la importancia de una seria experiencia novelística. Lo mismo sucede con el subtítulo general: Cuentos sin rendijas carece de atractivo. Nada dice. Contradice. Porque la solidez conceptual sobrepasa el juego de doble sentido. En la página 54 se encuentra esta sentencia ejemplar: «Todo se puede acabar: el amor, el sexo, la comunicación, la amistad, la necesidad de compañía, pero jamás el respeto». Y esta cita: «Como decía mamá, a los hijos hay que terminarlos de hacer».

Para los demás relatos basta con la síntesis:

Domingo (6 págs.). Domingo suele pasear los domingos en la mañana. Piensa. Encuentra cosas perdidas. Entre ellas, una libreta azul. Lee en ella: «Un hombre que se encuentra una agenda tirada en la calle, la recoge, la lee, se enamora de la dueña sin conocerla».

La enseñanza de Buda (6 págs.). A fin de poner en práctica enseñanzas recibidas, una mujer se vuelve totalmente del revés fácil: introduce una mano por la boca y se da vuelta.

Nirvana y cumbia (7 págs.). La señorita Kirtika ha sufrido un accidente y está en la clínica. Llaman a la amiga que ella ha indicado para el caso. Acude presurosa. Al llegar debe cumplir con los requisitos exigidos antes de proceder a la cirugía. Quien iba a pensar.

Traspié entre una piedra y otra piedra (7 págs.). Una visitante excéntrica del Louvre se detiene frente al esclavo inconcluso de Miguel Ángel. Lo hace con frecuencia. La guardia teme por la escultura, o por ella. La vigila, finalmente condesciende y le permite tocarla.

De la nostalgia y un hijo inesperado (4 págs.). La madre lleva al hijo al colegio, pero le advierte: «Deja en casa un zapato por si acaso te dan ganas de regresar». A la hora debida la madre vuelve al colegio a recoger a su niño, pero le entregan otro, que no es el suyo. Cada día le entregan un niño diferente. Le da igual. Al último le dice: «Llévate este zapato para que no tengas la tentación de regresar». Y ese es el cuento.

Allegro ma non troppo (12 págs.). La descripción de un viejo que se vuelve niño, todo en un solo párrafo. Ni para que le cuento.

Jaime Jaramillo Escobar