El arte de comenzar

Reseña por Jaime Jaramillo Escobar · 2019 · Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. 53, n.º 96

Sobre Contratono, de María Gómez Lara — Visor, Bogotá, 2015, 80 págs.

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El prólogo de la reconocida escritora uruguaya Ida Vitale termina diciendo que la obra «debe ser recibida como una lección de humildad que generosamente inventa el mundo». Vea usted.

Dividida en dos partes, la primera se titula «No de sombras» (?) y la segunda «Mover ciudades». Facilito.

La noción de poesía se diluye en el empeño de inventar adefesios malsonantes como completud: «(…) qué extraña completud», y «Qué extraña completud el aire abierto». Y títulos como «ANTIQUIETUD», con mayúsculas, a fin de resaltar.

Los menos indicados para innovar en el idioma son los intelectuales. En las barriadas es en donde se cría el lenguaje. No en los estudios de los escritores.

El prólogo (cuatro páginas) se expresa así: «Donde podía haber un poema de amor, ya al comienzo del libro, encontramos restos de fuego, vacío, ceniza y todos los vaciados, los negativos que el lenguaje ofrece para dar cabida al hueco, para rodearlo y expresarlo como tal».

Sin embargo, un pequeño poemario puede salvarse por una sola página. Basta que tenga lo que la poesía requiere: sentimiento, originalidad, autenticidad, intensidad, audacia. Y cierta dosis de malicia.

Se transcribe lo siguiente para regalo para el lector, rogando al famoso corrector de estilos que respete el original, aun cuando no le guste.

AHORA A TIEMPO

iba a llorar por él y por mí y por
todos los que andamos
perdidos sin retorno
pero esta vez no me quiebro estoy a
tiempo
esta vez ya sé y aún no es tarde
aunque parezca que él va a
correr que no cesó algo que nunca
estuvo que sus pasos son
huellas que se ha ido que no puede
quedarse
porque no porque no porque no
quiere

aunque sí quiera aunque a veces me
lo diga y me mire de
cierta manera
como si yo cargara el mundo para
ayudarlo por un rato con
su peso con su propia sombra

como si yo fuera también un poco
tonta como tu otra vez
como antes con el otro él que no
era él pero el mismo
sentido de estar huyendo
perpetuamente huir como
quien se queda y no hay quien
pueda perseguir atajar
rastrear semejante voluntad de
fuga

vuelvo al él que me mira a veces
como el otro él como si yo
fuera un poco tonta otra vez
retrocediendo sin haber
aprendido nada de la última caída
de tener que derrumbarme y
rearmarme con cenizas y gritar
y buscarme entre la nada y
reconstruirme como puedo
mientras el tiempo afuera no
pasaba
como si yo fuera otra vez a
suspenderme para querer
quedarme en sus brazos para
siempre
pero pero pero

aquí hay un pero y tres y cuatro
aquí me salvo porque esta
vez aunque no parezca aunque
quiera llorar por él y
por mí por todos los que
andamos perdidos sin
retorno esta vez

no me quiebro no me engaño estoy
alerta que se vaya y no
vuelva nunca más
que se vaya que se vaya antes de
romperme esta vez no me
rompo que se vaya si la historia es
igual y ya sabemos
algo se aprende de los golpes ya
sabemos desde antes
que no va a abrir la puerta no me
va a dejar llegar

(pp. 75-76)

La autenticidad, la intensidad, le confieren una fuerza inusitada al texto.

Los jóvenes se engolosinan con sus pretendidos hallazgos, por más ingenuos que sean: espaciados, separaciones, juegos, malabares, arbitrariedades, todo lo cual se excusa si el talento se revela, como en el caso de esta laureada autora.

Si en un libro de poesía se encuentran uno o dos o tres textos apreciables (como es el caso en esta obra) el empeño se salva. Además, la poesía depende más del lector que del autor. Muchas veces el autor no sabe lo que hace. Lo descubre más tarde el lector avisado.

Para ciertos textos el comentario no es suficiente. Se requiere verlos. Por eso esta otra muestra:

MAÑANA

tendrás tiempo de recuperar la cara
que te pones

recogerás del suelo los gestos
cordiales buenos días muchas
gracias

si fueras tan amable de pasar la sal

y los irás acomodando donde
siempre

por favor con mucho gusto déjame
ayudarte está pesado
hoy los olvidas
sin para dónde correr cargas
contigo con tu sombra

se te doblan las rodillas
la espalda se te tuerce

se te escapan las palabras
y es mejor callar cerrar la puerta

ya mañana
aprenderás de nuevo a hablar
tartamudeando primero luego
sílabas frases
buenos días muchas gracias qué tal
noche
y otra vez
te irás moldeando las facciones con
las manos
caminarás casi gateando si fueras
tan amable no te apures
lo irás sobreviviendo

hoy puedes ovillarte acurrucarte
hablar sola con el que ya mañana

(p. 31)

Jaime Jaramillo Escobar