Diccionarios dialectales
Reseña por Jaime Jaramillo Escobar · 2007 · Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. 44-45, n.º 76-77
Sobre Diccionario enciclopédico afrocolombiano. Afroamericanismos y africanismos, de Fabio Teolindo Perea Hinestroza — Edición del autor, Impresión: Alto Vuelo Comunicaciones, Quibdó, 2006, 438 págs., il.
El ambicioso título expone la intención del educador que emprende un extenso trabajo etnolingüístico con fines de proselitismo racial y político, como líder cofundador y activista del Movimiento Cimarrón, uno de cuyos postulados señala que «el tigre no proclama su tigritud sino que ataca». Es un libro revuelto porque así conviene a su astucia didáctica, dirigido en particular a una población de descendencia afrocolombiana estimada sobre diez millones.
Como diccionario beligerante, la parte lingüística cede importancia al tema histórico, social y folclórico, por lo que éste tiene de identidad ancestral. Contiene 2.767 entradas, 37 anexos y 202 grabados (fotografías e ilustraciones). En la página 12 dice que «presenta un sinnúmero de biografías de personalidades». El sinnúmero son 184, algunas de pocas líneas, para destacar nombres de su raza en música popular (contiene 209 entradas relativas a música, danza y canto), deportes, política, literatura y lucha por las reivindicaciones que afrodescendientes e indígenas reclaman con derecho. El Movimiento Cimarrón no es pacífico (su logo-símbolo invoca el «Poder Negro»), porque por las buenas no se consigue nada, y por las malas tampoco.
No deja de ser curiosa contradicción que el autor escriba siempre la palabra Negro y sus derivados con orgullosa mayúscula (es lo único en que no falló la corrección de pruebas), y simultáneamente prefiera el largo e ilógico eufemismo. «Negro es bello», «Dios es negro», «La cuna de la humanidad es negra», «Adán y Eva fueron negros», pero mejor afrodescendientes. ¿Será el mestizo colombodescendiente? ¿Descenderá del Euro el eurodescendiente?
Los diccionarios dialectales requieren exigente estudio, porque un libro plagado de errores pierde toda confianza. La deplorable redacción, con su falta generalizada de concordancia gramatical, la disparatada puntuación, la incorrecta acentuación, la defectuosa transcripción o síntesis de artículos de diversa procedencia, más la obvia inexperiencia editorial, la evidente falta de revisión, las pésimas fotografías y la caótica composición menoscaban el empeño.
Si la obra quiso ser escrita en el español dialectal del Chocó, con sus particularidades fonéticas, ese propósito no coincide con los artículos extractados de distintas fuentes. Si se optó por el español corriente, para un mayor alcance, los numerosos errores desconciertan al lector. En este punto resulta necesario proveer suficientes ejemplos:
Pág. 25: «dio como surgimiento a unos sinnúmeros de protagonistas a saber:».
Pág. 29: «la convergencia de fuerzas socios étnicos para exaltar en América Latina…».
Pág. 34: «En su condición de mujer, el esclavizador Miguel Gómez sedujo y embarazó coercitivamente, quien la obliga a abortar con el propósito de no asumir el escándalo social».
Pág. 34: «Instrumento artesanal en forma de cilindro ovalado, utilizado para pescar en los ríos elaborados con tiras de palma».
Pág. 116: «El poder y tú fuerza dominarás a tu enemigo».
Pág. 193: «Guillén Nicolás (1902-1989) […] También utilizó formas clásicas, su expresión general sirvió de goce a los españoles: Góngora, Quevedo y López de Vega».
Pág. 225: «En la década 1990-2000 se evindeció seguidores del movimiento klanista que cometieron varios asesinatos contra personas Negras».
Pág. 266: «los Moros realizaron la segunda intervención en España con un dominio fundamental, en la cual impulsaron un gran desarrollo a la península Ibérica con los conocimientos tecnológicos musulmán».
Pág. 310: «Mobuto Sese Seko inició a promover la Liga de Estados Negros Africanos». Pág. 339: «Inició a mostrar sus dotes de literato». Esa construcción se repite en todo el libro.
Pág. 335: «El racismo en los países de influencia hispana es solapado con intenciones sojuzgada por miembros de los sectores dominantes y herederos coloniales».
Pág. 342: «Romance. Tirada de versos de dieciséis sílabas con asonancia monorrima».
Pág. 347: «El caballo bayo oscuro, de color blanco amarillento».
Pág. 366: «Hacen juicio que los primeros seres mortales e inmortales fueron africanos, por haber sido este continente la cuna de la universalidad».
Pág. 366: «…regresaron a Sierra Leona y consiguieron la familia totalmente destruida».
El intento merece encomio, pero la deficiente ejecución demerita el trabajo, porque pierde seriedad. Un diccionario no admite errores. Aparte de los documentados, otros muchos se deben glosar como complemento explicativo del análisis:
Erratas: arcilla por axila, valor por varón, no alienación por no alineación, se disidió por dividió, en Carta por Encarta, lengua catio por catía, hinopia por inopia, muchas más.
Palabras del español que aparecen como africanismos con su sentido original (no resemantizadas): anguila, huraño, limbo, mandolina, manso, tentempié, topar y muchas otras.
Palabras que figuran en los artículos, mas no poseen entrada propia o complementaria con su correspondiente definición: jetabulario, pero no jeta. En la definición de cundunda (pág. 122) figura tulpas, pero ésta no cuenta con entrada. En la página 368 se lee: «Con la tonga los curanderos o chinangos logran realizar el canto de jai», pero no figura jai, ni canto de jai. En la página 56 se dice: «Raíz grande adventicia que se forma en el tallo de ciertos árboles maderables utilizadas en la fabricación de cachos y abetadoras». Cachos y abetadoras no figuran en el diccionario.
Notorio error lo constituyen las tildes mal colocadas (en todas las páginas), lo que confunde al lector porque se desfiguran las palabras. No es lo mismo Elegua que Eleguá, guasa que guasá, ñáñigo que ñañigo, ni Ecue que Ecué, y así muchas otras. La ortografía de las palabras también aparece a menudo confusa, pues no se especifica nada sobre las variaciones. Ejemplo: Oricha, Orixa, Orixá, Orisà.
En cuanto a la etimología se dan suposiciones sin sustento, procedimiento ajeno a la Lingüística, o se omiten o tergiversan para no hacerlas derivar del español. Ejemplo: Abarrancho, corrupción de zafarrancho. Como enciclopedia que pretende ser, debería anotar variantes de palabras según región.
La redacción incongruente o vaga, de dudosa comprensión, o que parece decir lo contrario de lo que se propone, también afecta el texto en muchos casos. Ejemplos: pág. 407: «Entregar todo es el fin de la victoria». Pág. 356: «Se estableció la necesidad urgente de que el Estado colombiano replantee la relación marginal con la sociedad afrocolombiana causante de la patología sociorracial oculta que existe en la mente de todos los colombianos».
De los 302 vocablos que contiene el Glosario de Jurubidá, sólo 78 entran en el diccionario, faltando 224. Otras voces también faltan, como por ejemplo guachapanda y guacharaca, a lo cual habría que añadir las definiciones incompletas, que dejan interrogantes en el lector. Ejemplo: «Licuman. Dios venerado en la cofradía de los musulmanes».
Cuando una palabra tiene dos o más acepciones, no están numeradas o separadas con signo indicativo sino con punto, descuido que va en menoscabo de la claridad.
Por tratarse de un volumen extenso no basta la inicial en cabecilla de página. Como los demás diccionarios, debió estar indexado con palabras completas.
Los errores se vuelven más notorios si se considera que el autor ha publicado varios libros. Como atenuante, la Introducción advierte: «Muchos vocablos y personajes no están en el compendio producto de la deficiencia bibliográfica, la dispersión de la información y las limitaciones de diversos órdenes a que se ve enfrentada la investigación…»
Los contenidos principales del libro que aparecen mezclados, algunos de los cuales ameritaban capítulos aparte, son los siguientes: Dialecto del litoral occidental. Música y folclor. Botánica medicinal. Leyendas, magia y supersticiones. Biografías. Geografía. Historia. Mitologías africanas. Africanismos. Afrocolombianismos. Proselitismo racial. Proselitismo político.
La reseña sólo se ocupa de la obra como diccionario, desde el punto de vista lingüístico y editorial, pero la parte histórica, política, social y religiosa no sería menos discutible en un hipotético estudio.
Tres perlas (entre muchas otras) como adehala para el improbable lector que haya resistido hasta aquí:
Pág. 373: «Tunda. Castigo que se le da al niño con una buena cantidad de rejo».
Pág. 294: «Para rezar la oración de la piedra Ara el practicante requiere tener el cisco de la piedra Ara que cargan los gallinazos en la boca».
Pág. 85: «Durante toda la lucha por la tierra, Felicita Campos fue encarcelada 30 veces y la casa se la quemaron 49 veces».
Por último, aunque el diccionario considera la CH como una letra, no aparece entrada para Chocó, ni información pertinente sobre el departamento. En cambio, las referencias al África son abundantes, como también sobre los Estados Unidos y las Antillas respecto de la población afrodescendiente.
Jaime Jaramillo Escobar