Antioqueñas levantiscas
Reseña por Jaime Jaramillo Escobar · 2015 · Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. XLIX, n.º 89
Sobre Una María de armas tomar, de Jorge Orlando Melo — Suramericana, Colección Navidad núm. 7, Medellín, 2012, 48 págs., il.
Descripción: 11 × 15,7 cm. 60 g. Doble cubierta. 13.000 ejemplares. Ilustración: 12 mínimas reproducciones cromáticas de la Colección de arte de Suramericana. Impreso en color gris claro sobre papel crema con mínima tipografía. Introducción, tres capítulos y notas finales. Distribución gratuita.
Muy interesante ensayo histórico de Jorge Orlando Melo sobre el ingeniero de minas sueco don Pedro Nisser y doña María Martínez de Nisser, allá por la primera mitad del siglo XIX.
Mano maestra reconstruye la vida de esta heroína que vestía uniforme militar y manejaba la lanza con varonil osadía. Fue coronada en Medellín, en un acto popular. Su diario sobre los sucesos de la revolución (guerra de los Supremos) la califica como la primera escritora antioqueña. También fue el primer libro publicado por una mujer colombiana. Título: Diario de los sucesos de la revolución en la provincia de Antioquia en los años de 1840-1841.
En seductor estilo novelado, el autor recrea cada episodio con verosimilitud y emoción, animado con pasajes conmovedores. No hay retrato físico de ella, pero usted puede verla en la vívida descripción.
Venido don Pedro en busca del oro, encontró una aguerrida mujer cuya vida va pareja con sus aventuras en el relato. Se trataban de Usted, al uso de la época, y cada uno llevaba con independencia su vida. Él muy viajero y ella muy viajera, como en el verso de Ciro Mendía. «Viajes ásperos, agobiantes, siguiendo caravanas de mulas por caminos que parecían perderse en las nubes».
Quedó embarazada tan pronto como se casaron, y luego otra vez, pero los dos hijos murieron: María Margarita y Pedro Segismundo, uno tras el otro, sin que sirvieran de nada sus artes médicas, aprendidas en los libros. Estuvo adusta y reservada, pero no lloró, y siguió atendiendo sus niños de la escuela con una dedicación llena de ferocidad.
Apartes reveladores dan cuenta, tanto de los personajes como del estudio biográfico.
Negocios con el riesgo especial de la minería. Vea si no:
Las minas compradas desde Londres habían sido puras estafas: probablemente los vendedores nativos les habían añadido oro en polvo, para que en las pruebas resultaran bien atractivas, y la mina de Juan Criollo, en la que comenzó a trabajar, había sido saqueada por el propio socio de Hauswolff (el cura de Remedios) antes de que ellos llegaran a explotarla.
Hauswolff fue quien invitó a Pedro Nisser a viajar a Antioquia en pos del oro, y trajo consigo a su esposa y a su cuñado Carl Segismundo von Greiff, antepasado de León de Greiff, cuyo nombre campea en la obra del poeta.
Debe tenerse en cuenta lo que significaban entonces los viajes por trochas y peñascos, y pacientes cabalgaduras que en ocasiones perecían por la inclemencia del viaje.
El elocuente diario de la heroína proporciona los más aleccionadores fragmentos:
Por lo que he leído, y por lo que estoy viendo, conozco que siempre es mejor un gobierno legítimamente establecido, aunque tenga sus faltas, que la rebelión, la facción, o llámese guerra civil, cuyos males son tantos, tan enormes y de tan funestas consecuencias, que siempre son el rompimiento del pacto social, de ese pacto formado por la voluntad del pueblo legalmente representado.
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Las discusiones políticas se presentaban a cada momento, y yo no me quedaba callada: a un defensor de Córdoba le dije: «Una mujer soy, y llegará el día en que les pueda hacer ver a estos miserables que yo pertenezco, no con la boca, sino con mi persona, a los defensores de la Constitución y de la ley».
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Me levanté a las cinco, y me vestí de militar con la agradable idea de que cuando me volviese a poner camisón estaríamos libres, o si no habría muerto con ese traje. Como a las siete monté a caballo, me presenté en la plaza en donde estaban ya formados, y dirigiéndome al señor Henao hablé en estos términos: «Mayor Henao: el amor a mi patria y a mi esposo me ha puesto en este traje. Dadme una lanza para acompañaros y seguir en medio de estos valientes».
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En la plaza, formados, les dije a los de mi ejército: «Sed serenos e impávidos, y mirad a nuestros enemigos con aquel noble orgullo que siempre acompaña a los defensores de la ley. Pereced antes que rendir o humillar vuestro patriotismo a estos cobardes y ambiciosos opresores».
Viajero por medio mundo, el ingeniero Pedro Nisser recibe por sus propuestas técnicas medalla de oro del zar Nicolás I, en Suecia recibe honores del rey Óscar II, permanece veinte años en Australia, de Lima salta a Londres. Allí se entera de que su mujer había muerto y decide regresar a Medellín para colocar la lápida en su tumba (hubo que desmontar la tierra, pues el pasto ya la tapaba: estaba enterrada en el suelo y habían escrito en unos ladrillos «María Martínez de Nisser, 1812-1872») y volver a Suecia en busca de capital para trabajar la mina en forma moderna. Tenía entonces 76 años. Finalmente muere en Kingston.
No olvidaba, todavía le dolía, aquel escrito de don Lorenzo María Marroquín en un periódico bogotano:
Sí, se ha insultado el pudor, dígalo el escándalo con que en las cámaras legislativas se ha visto llenar de aplausos y elogios y aun dar un decreto concediendo una condecoración a una ramera, María Martínez, quien con mengua de la honestidad y recato de su sexo, embragó la adarga, caló la celada, y empuñó la lanza confundiéndose con la impúdica soldadesca.
Nacida en Sonsón, e inhumada en el camposanto de San Lorenzo, de donde desapareció la lápida de mármol que don Pedro le había traído desde Suecia, y desaparecieron sus restos y después desapareció el cementerio mismo. Conclusión: que la palabra vive más que la piedra y el mármol y el bronce. La palabra: memoria y voz del mundo. Revela y fija. Da voz al pasado. Revive a los muertos.
Jaime Jaramillo Escobar