Preludio
Prólogo a Una noche en la vía láctea, de Carlos Framb
2010
Sin tristeza no habría gentileza en la alegría.
La auténtica poesía es canto. La otra, un subgénero diferente de la simulación.
Este libro es canto; canción en el sentido poético.
El canto es siempre escrito con emoción, para producir emoción. No es redactado, como la prosa pedestre y simple que se ofrece con etiqueta de poesía. Falsa poesía.
En la historia de la literatura queda información sobre lo experimental. En la historia de la humanidad queda la poesía.
Y en la poesía también queda la historia, cuando ha sido escrita por un poeta; no por un farsante. El embaucador abunda; muy escaso es el poeta verdadero, el poeta natural.
No todos los que se presentan como poetas saben lo que es la poesía. Lo ignoran, y se escudan en la propaganda para un público que lo ignora igualmente.
La verdadera poesía no sale de la pulcra y subvencionada academia. Brota de la vida, entre la aflicción y la alegría. Es sentimiento, exaltación y pena.
El arte amalgama encontrados sentimientos, y de esa alquimia resulta la prodigiosa síntesis.
No se puede ser buen poeta sin ser buen prosista, como no se puede ser buen prosista sin la inspiración poética. El autor es poeta auténtico, nacido así –para bien o para mal– y no por elección imitativa. Por tanto, excelente escritor. Así, el libro ofrece poemas en verso libre y poemas en prosa.
El público, siempre rezagado, tarda en asimilar las nuevas formas que proponen las vanguardias artísticas, porque éstas constituyen una élite intelectual. En consecuencia, el autor decide permanecer en el ámbito de lo clásico, cerca de los maestros tradicionales, a fin de eludir los abruptos saltos vanguardistas en favor de una vía conocida de acceso a la comprensión general.
La obra reunida en este volumen corresponde a la época de iniciación literaria y vital del autor. Se compone de dos libros (Antínoo y Un día en el paraíso), publicados en Medellín (1987 y 1994), que encuentran continuidad en el estilo, en la sensibilidad y en el asombro del mundo desde la aproximación científica e histórica. Adquiere pronto una rápida aceptación, obteniendo en pocos años sucesivas ediciones, cada una modificada con respecto a las anteriores por la exigente inconformidad que extrema la autocrítica.
La antología antioqueña publicada por el ITM en el 2006, titulada Medellín en la poesía, comprende 64 autores oriundos del departamento, de los cuales 25 nacen en Medellín y 39 en los demás municipios, con lo cual se confirman las ricas posibilidades intelectuales y artísticas de los pueblos, menospreciados desde la capital. Carlos Framb nace en Sonsón, en 1964. Penúltimo en el orden cronológico, pertenece a una generación deslindada de la influencia del Nadaísmo.
Los libros de poesía abundan, pero la poesía sigue siendo muy escasa. Por eso, encontrar uno constituye un hallazgo que merece destaque.
Cada lector estima que la buena poesía es la que satisface sus preferencias. No es así. Es la que sobresale en comparación crítica con lo mejor reconocido de la poesía universal, o de una lengua, región o cultura. No es un individuo el que determina subjetivamente calidades para imponerlas a los demás, como se pretende. Es el consenso del tiempo.
Los variados, numerosos y continuos conflictos internos de Colombia en otros tiempos (sociales, religiosos, políticos, económicos) producían romántica tristeza, como consta en su melancólica literatura. Los que se viven a comienzos del siglo XXI, como herencia del XX, generan intensa rabia en una población profundamente afectada y sumida en el desconcierto por la violencia general que destruye lo que antes se llamó Patria con orgullo, degradada a las nociones abstractas de República o Estado. Estas dos últimas nunca podrán inspirar amor, como inspiraba la Patria, sino prevención y amarga desconfianza. Lo expresan las artes, especialmente las literarias, en su peligrosa desolación. Porque mermado el impulso, con sus consecuencias somáticas y prácticas, es decir, perdidas las defensas que asegura la ética, extraviado el rumbo, sobreviene el caos. Caos que aprovechará el que pueda, porque esa es la ley de la vida.
El canto no nos salva, pero es el noble analgésico, la morfina que se le aplica al paciente para aliviar sus últimos dolores. Morir cantando puede ser hermoso, a falta de mejor opción, cuando el bandidaje de todos los extremos se apoderó de nuestro honorable Estado y de nuestra respetada República.
Siendo breve el libro, la brevedad del preámbulo se impone.
Jaime Jaramillo Escobar
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