Presentación

Prólogo a Poemas útiles, de Geraldino Brasil

GERALDINO Brasil es seudónimo de Geraldo Lopes Ferreira (1926 – 1996). Vivió principalmente en Recife, casado con Creuza Maurício, pintora y escultora. Sus hijas, Beatriz y Moema, prolongan las excepcionales cualidades del poeta y de la artista. Él era de esos pocos escritores de los que uno se hace amigo íntimo al leerlos. Ejercía una rara atracción. Muchas personas viajaron a conocerlo. Transmitía lo que nadie da porque no tiene: felicidad.

Se tuvo noticia de él en Brasil después de haberse hecho famoso en Colombia por traducciones ampliamente difundidas a partir del libro Cien Poemas (Tercer Mundo Editores, 1982). Buena parte de esos textos se incluyen en la presente edición.

La principal característica de la obra de Geraldino es la cercanía, derivada de la poesía conversacional. Usted cree que él le está hablando, y lo ve. De ahí en adelante no querrá perderlo, porque, si de repente uno encuentra un ángel y logra atraparlo, es comprensible que no lo deje ir, aunque tenga que luchar con él. Mas no tema: se quedará gustoso, pues es la bondad misma, la generosidad, el amor: São Geraldino. Pero tampoco crea que los ángeles son manejables; no se engañe. Como dijo Blake, “todo ángel es terrible”. Con ese ángel en su casa, usted será terriblemente feliz.

El traductor considera que la versión poética debe ser recreación en los casos en que sea necesario adaptar a una lengua expresiones, ideas, sentimientos, imágenes o figuras que la traducción literal o aproximada no refleja del modo en que su intensidad pueda ser captada por el espíritu de otra cultura, puesto que cada lengua es una cultura aparte. Por tanto, la presente es una traslación libre, que cambia, recorta o agrega lo necesario para que parezca un original en español. Este procedimiento fue aprobado por el autor, quien revisó el trabajo y le impartió su aprobación en distintas ocasiones. Especialmente los títulos se modifican porque, pese a su afinidad, son lenguas de distinto sabor. Su espíritu es muy diferente. El español es difuso en sus varias nacionalidades. El brasileño tiene la unidad de pueblo que no conserva el español. Las traducciones de la Biblia son buenas porque no hay dos iguales. La traducción literal del portugués al español rinde pobres resultados, en detrimento de esa literatura. No basta conocer los idiomas. Es más importante conocer los pueblos. Un solo y elocuente ejemplo: “Lisboa revisitada”, fea palabreja, en lugar del castizo “Regreso a Lisboa”. Además de la belleza intraducible que todo idioma se reserva, en especial el portugués, como la palabra luar, o esta joya de Mario Quintana:

Todos esses que estão,

atravancando o meu caminho,

eles passarão...

eu passarinho!