RECIFE, 8 DE MARZO DE 1983
Geraldino Brasil
En la China están ahogando bebés porque son niñas, y no niños. En la India los que engendran criaturas pueden ser multados y privados de asistencia social. En Brasil se dan millones de abortos anuales, y las mujeres se organizan para solicitar la legalización del aborto, con el argumento del derecho al cuerpo. (Olvidan que, porque sus madres las preservaron, ellas viven y aman). En el Brasil, de unos cinco millones de indígenas, sólo subsisten unos trescientos mil, discriminados y “protegidos” por el Estado, esto es, siendo aculturados, o sea aprendiendo nuestras infamias. No los fusilamos, no los esclavizamos; les damos responsabilidades, desempleo, sífilis, caries dentales, limosnas, hasta que los hagamos desaparecer sin la desvergüenza de los que no respetan los derechos humanos. Los pollitos amarillos son arrojados al río para defender los precios. Toneladas de ajo son destruidas con el mismo propósito. Es doloroso ver, pero es preciso denunciar; es doloroso oír, pero es necesario hablar.
Dice Jaime Mejía Duque que tú eres “un poeta que desborda el nadaísmo, que no necesita de su escándalo para expresarse diferentemente”. Y es que en ti la poesía no se nutre de una etapa vanguardista, sino de la vida. Nuevo épico, nuevo lírico, cualquier cosa es para ti el asunto, o pretexto del poema. De ella partes y encuentras naturalmente sus vinculaciones con todo lo demás, para admiración del lector, que lee con ojos desorbitados. Inventas bellezas inéditas, ironizas, protestas, suscitas reflexiones, aligeras al lector con gracia despreocupada, luego lo vuelves a la seriedad del tema, le concedes un breve reposo, lo atrapas y lo sueltas, con él fraternizas, lo apartas luego, y más adelante vuelves a atraparlo. En ese juego desconcertante, informas y enseñas. Todo con tu propia huella, única, inimitable, desconcertante.
G. B.