CALI, FEBRERO 13 DE 1983
Jaime Jaramillo Escobar
Hace pocos días, en Bogotá, entré a una cafetería. Me detuve un momento, para buscar con la mirada una mesa. De inmediato se acercó la dueña, con una princesa de la mano. Era una princesita de ocho años, con su traje largo de seda azul, la escarcela plateada, y una banda cruzada al pecho: “S. M. Catalina II”. La princesa Catalina requería la ayuda del señor, porque se encontraba en apuros económicos. Desde luego, Su Alteza quedaría muy reconocida (no en su reino, porque no tenía reino, sino en su corazoncito) por la ayuda que el señor yo pudiera prestarle. Y es así, con ese humor, con esa gracia, con tal ironía, como los niños de mi país se ingenian para solicitar dinero, sin necesidad de tocar el complicado organillo, o de cantar canciones difíciles en mojadas calles, bajo un paraguas roto.
J. J. E.