EL SUEÑO Y LA POESÍA I

El hipnotismo no ha sido sólo un recurso del psicoanálisis, o de otras actividades menos científicas, sino que constituye también un importante arbitrio del escritor y del poeta, principalmente de éste último. Adormecer y encantar son facultades naturales del poeta, acrecentadas por la práctica, el estudio y la pericia. En algunos de sus libros, Robert Graves muestra el aspecto psicológico de la poesía y en particular su empleo terapéutico “como médico de desórdenes mentales”. Dice que buscaba formas de capturar y mantener la atención del lector por medio de la sugestión hipnótica.

En efecto, todos los recursos del arte del poeta no son otra cosa que instrumentos de una técnica de encantamiento dirigida al propósito de alelar y retener.

Inútil mencionar aquí los efectos psicológicos de la repetición, la enumeración, la medida, la rima, la cadencia, el ritornello y toda la utilería retórica del poeta. Basta con observar que quienes se inician en el verso medido y rimado quedan embobados para siempre y les resulta imposible relacionarse después con las formas libres de la poesía contemporánea.

A manera de ejemplo puede aducirse que la idea de la sugestión hipnótica en la poesía queda bien explicada con el tercer Nocturno de Silva.

Sólo los poetas que tienen un gran poder de sugestión (Barba-Jacob, por ejemplo), logran interesarnos para toda la vida. Los demás son basura que apartamos con los pies.

Porque Hebbel afirmó que en los poetas sueña la Humanidad, se dice del poeta, con cierta indicación de la mano, que es un soñador, y hay libros destinados a probar eso. Denigrante o elogioso, según como se mire. De otros soñadores, sin embargo, no se habla con guiños y sobreentendidos. Para ellos se inventó la palabra visionarios. Y el poeta quedó tan soñador como cualquiera otro hombre. No pretende el poeta ser excepcional, ya que el título de poeta, como observa Robert Graves, llega sólo con la muerte.

En el sueño del poeta, sin embargo, encuentran con frecuencia los científicos la premonición, el atisbo, la adivinación, la profecía.

Gastón Bachelard ha publicado un largo y tedioso ensayo para demostrar lo que ya estaba demostrado desde mucho antes, o sea que el acto de escribir un poema se verifica en estado de ensoñación. No siempre es así, por supuesto, pues generalizar es desnaturalizar los problemas, pero las imágenes hipnagógicas (de ahí el Surrealismo) suelen contener la mejor parte del poema como producto del instante de trance en el que la inspiración se materializa en palabras, esas palabras inspiradas que, por serlo, logran el efecto de inspirar después a un lector. “Poeta es el que inspira”, leí en uno de esos libritos que se leen por leer.

El sueño, en su sentido de soñación (lo que se sueña dormido) y los sueños hipnagógicos, desde la fantasía a la alucinación, son estados comunes en las personas, de los cuales el poeta, simplemente, sabe sacar partido para incorporar en un texto escrito percepciones extrasensoriales que en los demás quedan apenas como recuerdo e inquietud. A partir del momento en que el Surrealismo utiliza la técnica del sueño las artes se enriquecen extraordinariamente.

Un joven bisoño del taller de poesía me preguntaba recientemente si era posible escribir poemas que no fueran sueños, y en ese caso cómo se haría para contraponer a la técnica del sueño una técnica de la vigilia que fuera al inconsciente y sacara de allí lo que una persona despierta (suponiendo que exista tal persona) necesita para comunicarse con el ángel del sueño sin quedar hechizado, y si en ese momento no debería decirse que tal persona entraba en estado de ensoñación. Este joven estaba exponiendo en dos palabras toda la teoría del libro de Gastón Bachelard, sin necesidad de haberlo leído.

En el documento epílogo del doctor Otto Rank a la popular obra de Freud La interpretación de los sueños, se dejan muy en claro las bases de lo que después sería una serie de pormenorizados estudios sobre un tema que no por antiguo deja de ofrecer el renovado interés de lo que aún tiene zonas desconocidas por explorar.

Aunque la relación entre el arte y el sueño cuenta con extensa bibliografía, el tema no deja de ser discutido, especialmente por los amigos de la realidad, tan irreales ellos mismos como todo lo demás, dada la composición fantasmal del Universo, cuyo peso se ha determinado en cero, que es el peso de un fantasma.

Si, como se afirma, no existe una clara línea divisoria entre el sueño y la vigilia, pasamos por el mundo con el sonambulismo de los fantasmas, tema que Borges supo inculcar asiduamente.

Todas las personas van del sueño a la vigilia, pero para el poeta y el artista existe un tercer estado de supraconciencia que es también el de los profetas y videntes. No se induce con ninguna droga, sino que se llega a él por una vía compleja, que cada quién prepara cuando quiere según su personal manera, pero que en general es la vía de la contemplación, entendida en sentido místico, o sea que va más allá del pensamiento reflexivo, y entendida la mística con relación al Universo. No importa a qué se refiera el poema, si se trata de alta poesía siempre tiene que ser así, y hago la distinción porque en poesía estamos acostumbrados a tomar gato por liebre.

El lector del poema no necesita llegar al mismo grado de clarividencia que el autor, pues ya éste ha realizado el trabajo pesado, así que el lector puede disfrutarlo sin muchas exigencias.

NOTAS

  1. Dormir es vivir el pasado, olvidar el presente, y presentir el futuro. WILHELM STEKEL.
  2. Los jueces, los fiscales y los abogados revelan en el sueño, con llamativa frecuencia, el complejo criminal. W. STEKEL.
  3. El sueño no perturba, sino que protege al durmiente. W. STEKEL.
  4. Todos los hombres en desgracia sueñan con la piedad, la paz y el amor. WILLIAM BLAKE.
  5. El sueño es un sacramento, porque es un acto de fe. G. K. CHESTERTON.
  6. Sólo un soñador es el que puede hallar su camino a la luz de la Luna, y en castigo de eso ve la aurora antes que el resto del mundo. OSCAR WILDE.
  7. Todo verdadero poeta, aún sin saberlo, está del lado del demonio. WILLIAM BLAKE.
  8. El mal poeta es generalmente inconsciente allí donde debe ser consciente; y consciente donde debiera ser inconsciente. Ambos errores lo llevan a hacerse personal. T. S. ELIOT.
  9. En lo inconsciente todo pensamiento está unido a su contrario. SIGMUND FREUD.
  10. Las cosas de esta vida se enredan, pero cuando esto ocurre es porque algo en nosotros las acepta, las quiere, las ha escogido en su secreta intimidad. JULIÁN MARÍAS.