OFRECIMIENTO

Por su condición de laberinto, un libro es la mejor trampa que existe para cazar espíritus. El juego de atraparse unos a otros es la literatura.

No se adaptó mi espíritu a la simpleza normativa de la línea recta, tan aburrida, y por eso no seguí una. Todas las líneas rectas se entrecruzan estorbándose, y no vi claridad en ello. Cuatro vidas rectas componen un asterisco. Me parecía simpático. Lo simpático nunca me ha simpatizado.

El hombre nació errante. Si la especie se hubiera desplazado en línea recta, hubiera ido a parar al mar. No me gusta ahogarme. He ido de un lado a otro porque ése es el destino natural. Y les he arrojado piedras a los que van en línea recta. Bien se dice que la línea recta es el camino más corto entre la vida y la muerte. La errancia es la única forma de despistar al tiempo. Meter al tiempo en el laberinto de nuestra errancia. A eso lo llamaba Carlos Castro Saavedra jugar con el gato.

De aquí y de allá, de todas partes se originaron estos poemas, que se sustraen a la línea recta. La línea recta, a poco andar se curva. Es la forma más rápida del engaño y la siguen los compulsivos, los azuzados, los que aspiran a llegar pronto. Me demoro en el camino, me resisto a llegar, porque ya sé lo que hay allá. Pero mi amigo DARÍO JARAMILLO AGUDELO (con él la prudencia y la fortuna) ha explorado más. Le ofrezco este libro en reverencia, admiración y reconocimiento, y con honor.

Medellín, 1991